Bajar impuestos, dinamizar la economía

El estrecho corredor por el que camina la contabilidad presupuestaria española deja muy pocos márgenes para las alegrías. En teoría, los impuestos que más afectan a los españoles, el IRPF, deberían recuperar la normalidad en el año 2015, que es un año eminentemente electoral, con expectativa de cambio de mayoría y eventual desalojo del poder absoluto del actual Gobierno del PP. Otra cosa es que siga pero con mayoría negociada, pero en cualquier caso el retorno del IRPF a la situación anterior a la llegada de este Gobierno tendría que producirse en el año 2015, una vez que el Gobierno digiera las directrices y recomendaciones de los sabios que recientemente le entregaron el informe sobre la reforma fiscal.

Las medidas que adopte el Gobierno en materia fiscal pueden ser decisivas para la evolución futura de la economía y en particular para el aumento del PIB. El Banco de España ha aportado este jueves algunas luces al batiburrillo de cifras que esgrimió el titular de Economía el día antes, cuando habló de un crecimiento “medio” de la economía española del 1,5% en los dos años siguientes, es decir, este y el que viene. El banco central ha puesto cifras en claro: en 2014 la economía crecerá un 1,2% y en el año 2015 lo hará en un 1,7%, lo que conduce a esa cifra “media” del 1,5% de Guindos (decimales aparte). Hay, sin embargo, una condición: la fiscalidad debe volver a lo que era antes del subidón de Rajoy.

Las subidas fiscales del Gobierno del PP han tenido muy poco impacto recaudatorio, en especial la del IRPF, ya que en el año 2012 Hacienda recaudó apenas 70.600 millones de euros, es decir, unos 700 millones de euros más de lo que había recaudado el año 2011, cuando los cálculos de Cristóbal Montoro, el titular de Hacienda, se habían cifrado en un potencial impacto recaudatorio adicional de unos 5.300 millones de euros. La Agencia Tributaria estima que el gravamen complementario del IRPF se tradujo en aumento de la recaudación de unos 3.560 millones de euros, pero la recaudación total de este tributo fue menor al cierre del año porque la reacción de los contribuyentes y la caída de la renta disponible de las familias han impedido avances recaudatorios, como pretendía el Gobierno.

El fiasco de la subida de tipos del IRPF ha sido, por lo tanto, monumental. Las cifras del año 2013 quizás no difieran apenas de las del año anterior, en lo que al IRPF se refiere. Hay que recordar que la recaudación por IRPF en el último año anterior al inicio de la crisis, con tipos de gravamen más bajos, había sido casi idéntica a la resultante de 2012, unos 71.300 millones de euros, de modo que la subida fiscal en el IRPF ha tenido principalmente efectos nocivos, generando una mayor ocultación fiscal como reacción de los contribuyentes ante tipos más altos.

No se puede dejar de lado tampoco el hecho de que la renta de las familias se ha visto erosionada en estos años, por lo que una subida de tipos no era la mejor medicina para una sociedad en recesión y con los ingresos familiares menguando. De hecho, la base imponible general para el IRPF del año 2012 fue de 553.600 millones de euros, cuando en el año 2008 era de 596.700 millones de euros. Es decir, el Gobierno ha aumentado impuestos a una sociedad empobrecida y ha encontrado la lógica respuesta, una menor recaudación.

¿Podrá dinamizar una rebaja fiscal, en especial en el IRPF, a la economía española, aportando fortaleza al consumo privado y, por derivación, a la creación de empleo? Los cálculos de los analistas creen que el impacto de un retorno a los tipos de gravamen del IRPF anteriores a la subida generaría un aumento automático del PIB de 0,5%. Quizás se esté subestimando el impacto recaudatorio positivo de una bajada de impuestos, que no sólo podría traducirse en una mayor recaudación fiscal sino en un impulso a la actividad económica. Bajadas de impuestos y mejoras en la recaudación no tienen por qué ser contradictorios.

La subida fiscal del año 2012 ha puesto a España en una de las peores situaciones comparativas dentro de la OCDE, el grupo de países desarrollados. El salario medio en España soporta una fiscalidad (IRPF más cotizaciones sociales) del 41,4%, porcentaje que es 6 puntos superior a la media de la OCDE. El aumento del año 2012 ha sido de una especial trascendencia, ya que ha situado a España entre los países desarrollados con mayores niveles de fiscalidad sobre el trabajo, lo que ha contribuido a empobrecer a un amplio sector de la sociedad española y a poner trabas a un crecimiento más holgado de la economía. Durante la crisis, el empeoramiento de las condiciones fiscales ha sido uno de los mayores daños que se le ha infligido a la sociedad y a la capacidad de dinamismo económico. Liberar parte de estos recursos tendría que ser una tarea urgente además de muy beneficiosa para una más justa distribución de la renta, ya que los principales damnificados de estas subidas de impuestos (no sólo la del IRPF, también la del IVA) han sido los sectores sociales de menores niveles de renta.