La estadística creativa de Guindos

La ingeniería estadística hábilmente utilizada también es un recurso al servicio de la inyección de optimismo. El titular de Economía, Luis de Guindos, acaba de sorprendernos con una previsión de crecimiento del PIB del 1,5% para el “promedio” de los años 2014 y 2015. No está muy claro cómo van a ser las cifras de cada año, aunque se supone que el ministro ha hablado de una previsión de tipo ascendente, es decir, algo más del 1% de aumento del PIB este año y algo menos del 2% el año siguiente (año de elecciones legislativas), lo que sumado y dividido entre dos da como resultado ese 1,5%, que podría ser el final de una estimación de subida del 3% del PIB en el bienio.

La ingeniosa exposición del ministro (apropiándose de parte del PIB del año 2015 para engordar el de 2014) no cambia mucho las cosas, en realidad, ya que algunos servicios de estudios estaban anticipando ya un crecimiento del PIB de hasta el 1,2% el año 2014 en base a la buena racha del sector exterior, en particular en el sector turístico. La actividad exportadora parece ofrecer también buenas expectativas, sobre todo si se confirma la recuperación económica de Alemania y la de Estados Unidos, dos importantes mercados para España.

El lado menos amable de la evolución económica del país sigue anclado en el débil mercado de trabajo y en la ausencia de inversión productiva, ya que el Estado y el conjunto de las Administraciones Públicas están bajo mínimos en lo que atañe a la inversión mientras el sector privado no está echando a andar ya que los fuertes movimientos de capitales hacia España que se registran obedecen a compras de activos de oportunidad, básicamente inmuebles excedentes de la etapa del boom inmobiliario. Los capitales extranjeros están tomando tierra también en España comprando Deuda Pública, dado el acelerado recorte de los tipos de interés que ha permitido obtener altas ganancias en los últimos meses a muchos inversores avispados.

Pero con todo esto no se crea empleo. Para ello hace falta movilizar la inversión productiva y ello pasa por rearmar de nuevo al sector público con los recursos suficientes y con una recuperación del crédito del sector bancario. Reducir la tasa de paro por debajo del 26% de la población activa, por muy favorables que sean ahora las condiciones de contratación y las facilidades de despido tras la reforma laboral y por muy bajo que hayan caído los salarios, requiere una movilización de capitales similar a la que vivió la economía española en los años del fuerte crecimiento. Entonces, el dinero iba a promoción inmobiliaria en dosis elevadas, pero también hacia otras actividades productivas, algunas orientadas a la exportación, otras a un mercado interior que por desgracia hoy no cuenta con la vitalidad suficiente dado el alto nivelo de desempleo.

La benévola interpretación que se puede realizar tras las previsiones de Guindos deja bien a las claras que el crecimiento de la economía en los dos años que vienen (incluido el actual) va a ser raquítico, inferior desde luego al que manejan los analistas para países como Alemania y Estados Unidos. Está por ver a partir de qué umbral la economía es capaz de crear empleo, como sugiere Guindos, que no se ha comprometido a lanzar ninguna previsión al respecto. Se ha contentado con asegurar que habrá creación de empleo de forma significativa, que es como no decir nada a una sociedad como la española en la que la tasa de paro del 26% sigue pareciéndole insoportable. Una lectura quizás más realista de sus previsiones nos lleva a suponer que hasta el año 2016 no habrá expectativas de crecimiento económico sustanciales.