La otra cara de la crisis

El primer trimestre del año acaba de cerrar sus puertas y la economía en general, la macroeconomía, es decir, la de las grandes cifras, está mejorando de forma gradual, con lentitud, ya que es muy largo y profundo el bache del que estamos saliendo. En estos tres primeros meses del año, los españoles hemos asimilado algunas sensaciones básicas: la del lento crecimiento, la de un nivel de paro desorbitado y que no bajará de forma sustancial hasta dentro de unos cuantos años, la de una afluencia importante de capitales exteriores para adquirir las gangas que hay en el país a precios de saldo, el estancamiento de los precios de consumo (incluso con alguna bajada puntual, como la de marzo, dato que es mayormente negativo), la bajada de los tipos de interés en especial de aquellos que financian la Deuda Pública y a las grandes empresas y la revisión al alza de algunas previsiones económicas relacionadas con el PIB.

Algunas de estas sensaciones positivas están reflejadas en indicadores bastante reales, como la subida de la Bolsa (quizás se esperaba algo más intensa) o la fuerte reducción la prima de riesgo, es decir, el sobrecoste respecto a los tipos de interés alemanes que tienen que pagar los emisores españoles por pedir prestado y conseguir dinero en el exterior.

La sensación dominante es, por lo tanto, positiva cuando se manejan las grandes cifras. Pero el grado de intensidad de la crisis ha sido tan fuerte que son muchos los españoles que siguen preguntándose los motivos para tanto optimismo económico como destilan algunas declaraciones, en especial las del Gobierno, que entre otras cosas quiere capitalizar las primeras señales de mejoría en el frente económico para reforzar sus expectativas electorales en las próximas citas que hay previstas en el calendario, la primera de ellas la inminente de las elecciones al Parlamento Europeo.

Hay una sensación muy generalizada que pone de relieve la insuficiencia de los avances económicos, traducida en ese reproche reiteradamente repetido según el cual los hogares españoles, la mayoría de los hogares, no están percibiendo mejora alguna en las condiciones económicas. Es, desde luego, una percepción subjetiva, pero que tiene un fuerte respaldo en la realidad, en los datos. Con más de 5 millones de parados, los hogares españoles con problemas económicos son necesariamente muchos, los suficientes como para generar un estado de ánimo mayoritario de frustración por la ausencia de bienestar económico.

Los resultados ofrecidos por algunos organismos no gubernamentales en relación con la realidad social española reflejan bastante adecuadamente estos estados de ánimo ampliamente extendidos entre la población, aunque sin llegar a echar mano de las estadísticas de organizaciones como Cáritas Española, es el propio Instituto Nacional de Estadística (INE), organismo oficial, el que nos ofrece algunas cifras de la situación social del país bastante más ilustrativas. Por ejemplo, el número de hogares españoles en los que todos sus miembros están en paro se sitúa ya en 1,83 millones de hogares. Son datos de cierre del año 2013 y superan el número de hogares que estaban en la misma situación un año antes, de modo que a lo largo del año 2013 no se ha producido en este terreno mejora alguna.

Otro dato del INE, también de la Encuesta de Población Activa, señala que hay ya cerca de 3 millones de españoles que han perdido su empleo hace más de un año y que esta cifra se mantiene estable en el último año. Si bien no crece, tampoco disminuye, que es lo verdaderamente preocupante en una economía que no ofrece grandes dosis de esperanza para quienes han perdido su trabajo y esperan en vano la aparición de una nueva oportunidad. España se ha convertido en el país en el que no hay segundas oportunidades.

El propio INE, en otra estadística muy elaborada, ha dicho hace escasas fechas que el número de españoles que viven o trabajan en el extranjero sigue en aumento y ya alcanza los 2,058 millones de personas. En el último año, el número de españoles que reside fuera del país ha aumentado en 126.800 personas. Si una parte importante de estos españoles deseara trabajar en España posiblemente no encontraría empleo y contribuiría a incrementar aún más las cifras de paro, por lo que las cifras oficiales de desempleo están en cierta medida sesgadas a la baja.