Al BCE se le agotan los plazos

Vuelve el Banco Central Europeo (BCE) a ocupar esta semana la atención de los medios económicos. La reunión que mantendrán los jefes del banco emisor de la Eurozona no ha suscitado muchas expectativas, pero los datos vienen empujando de forma insistente. Esta última semana, las cifras de inflación del mes de marzo (provisionales en el caso de España, con caída de la tasa anual en un 0,2%) han puesto de relieve que la economía española está bastante más cerca de entrar en deflación, es decir, en caída de precios sostenida, lo que puede entrañar serios riesgos para la recuperación en los próximos años y para la salida de la crisis.

La economía española presenta una tasa de inflación interanual por debajo del 0,3% desde hace ya siete meses. En septiembre del pasado año se situó en el 0,2% y en octubre cayó por primera vez a terreno negativo, con un descenso del 0,1%. Ese mismo mes de octubre, la inflación interanual subyacente se quedó en el 0,2%. En marzo, mes que concluye este lunes, el avance del Instituto Nacional de Estadística (INE) ha situado la tasa anual de inflación en caída, un 0,2%, el segundo descenso interanual desde octubre del año pasado. Es decir, dos meses con inflación negativa en los seis últimos meses. Durante los otros cuatro, la inflación apenas ha alcanzado, una vez, el 0,4%, situándose por debajo en los otros tres meses. Los datos de marzo son provisionales, pero es raro que se produzca una desviación muy significativa, como para situar en niveles positivos la inflación interanual en dicho mes.

En la zona euro, que es lo que importa a efectos de lo que pueda hacer el BCE, la tasa de inflación interanual se situó en febrero en el 0,8%, aunque en marzo los avances sitúan la variación mensual en el 0,2%, lo que anticipa un probable dato definitivo más modesto que el de febrero ya mencionado.

Lo que tiene que suceder para que el BCE tome cartas en el asunto y actúe de forma expansiva en su estrategia monetaria es un misterio, a la vista de la tardanza con la que está actuando, aunque algunas señales apuntan últimamente en la dirección que desean muchos expertos, la de activar los mecanismos de aumento de la liquidez en la Eurozona para que el dinamismo económico se active.

Uno de los indicadores es indudablemente la cotización del euro, ya que la barrera de 1,40 dólares se ofrece como auténtica línea roja que el BCE no debería tolerar. Lo contrario significa castigar innecesariamente a las exportaciones europeas en general y a las alemanas en particular, lo que explica posiblemente la reciente reacción del presidente del Bundesbank, un ortodoxo poco dado a los matices, quien por primera vez en sus manifestaciones públicas se ha declarado partidario, hace unos días, de tolerar un activismo monetario más explícito por parte del BCE mediante la compra de activos o método similar (no compra de deuda de Estados, barrera infranqueable), con el fin de favorecer la expansión monetaria y la aceleración de la inflación, al objeto de sacarla de su actual posición fuertemente restrictiva. El valor del euro está en línea con una inflación tan baja, es decir, es una divisa innecesariamente sobrevalorada, que habría que enfriar cuanto antes.

Quizás no todo esté en las manos del BCE. Alemania, que se mueve ya en el terreno del equilibrio presupuestario, posiblemente podría ayudar mediante una estrategia de crecimiento más expansiva en apoyo del conjunto de la economía europea. No se trata solamente de una labor filantrópica. Alemania es la primera beneficiada de un aumento de la demanda procedente de las economías periféricas, como la española. Más aún si cabe en la perspectiva de un debilitamiento de la presión compradora procedente de los países del Este de Europa (Rusia en especial), atenazados por los daños colaterales de la crisis de Crimea.

Por lo tanto, haga algo o lo aplace para una próxima cita, el BCE atraerá esta semana las miradas de los medios económicos. Posibilidades de que haga algo hay alguna, aunque no muchas. Lo que casi todo el mundo da por descontado es que los plazos se le agotan.