El Fondo de Reserva se extingue

El Fondo de Reserva de las Pensiones camina hacia una lenta desaparición, tras haber alcanzado sus máximos en el año 2011, cuando el dinero ahorrado por este ente público, creado en el año 2000, acumulaba 66.815 millones de euros. Fue su máximo esplendor. Desde esa fecha, el Gobierno ha ido disponiendo de esa hucha pública con la que los españoles tienen una cierta garantía de seguridad en el cobro futuro de las pensiones, de forma que a finales del año 2013, hace apenas tres meses, el importe acumulado se había recortado hasta los 53.700 millones de euros. Esta cifra representa ya menos de ocho meses de la nómina de las pensiones que cada mes abona la Seguridad Social a los pensionistas españoles. El Fondo vive de lo que le aporta el Estado (es decir, nada en los último años) y lo que gana con sus inversiones (unos 19.200 millones desde su nacimiento hasta la fecha).

La reducción del dinero ahorrado en la caja del Fondo se debe a que la Seguridad Social está en déficit. Las aportaciones al Fondo de Reserva se realizan en base a los superávits del sistema. Y desde hace unos años, la Seguridad Social gasta más de lo que ingresa, por lo que el Gobierno ha decidido utilizar en los dos últimos ejercicios unos 18.700 millones de euros en total para poder hacer frente al pago de las pensiones. Los únicos ingresos que ha tenido el Fondo de Reserva, que en el pasado se alimentaba básicamente con el superávit de la Seguridad Social, son ahora las rentas procedentes de las inversiones financieras, ya que el Fondo tiene su dinero colocado en títulos de Deuda Pública, sobre todo (un 97%) española. El pasado año, la rentabilidad de las inversiones del Fondo de Reserva alcanzó el 9,14% en el año, la cota más alta de su historia, debido a la evolución de los merados.

Desde su nacimiento en el año 2000, sólo en un año el Fondo ha dejado de aportar rendimientos positivos, el ejercicio de 2010, en el que la rentabilidad del año cayó un 1,83%. El resto de los ejercicios han dado buenas ganancias al Fondo, que presenta un historial bastante aceptable, ya que ha logrado acumular ganancias del 80,36% de su patrimonio, lo que en conjunto de los catorce años que lleva funcionando equivale a una media anual del 4,56%. Comparando este rendimiento con los resultados medios de los planes de pensiones privados, el Fondo de Reserva (que sólo invierte en Deuda Pública, casi de forma exclusiva española), sale bastante bien parado. Los planes privados presentan una ganancia media anual en los 15 últimos años del 1,70%, por lo que el Fondo de Reserva multiplica por tres el rendimiento medio anual de los planes de pensiones privados del sistema individual.

Lo malo del Fondo de Reserva es que se trata de un mecanismo de ahorro que está en fase de extinción a no ser que el Gobierno decida insuflar otro tipo de recursos (por ejemplo, una parte de los impuestos) para mejorar su capacidad de apoyo a las prestaciones del sistema público de pensiones. El Fondo de Reserva ha distribuido entre los pensionistas unos 19.200 millones de euros desde su nacimiento y hasta finales del año 2013. La utilización de recursos del Fondo de Reserva, y por lo tanto su descapitalización, está siendo acelerada. El año pasado, a pesar de la elevada rentabilidad lograda por las inversiones (el citado 9,14% en el año), el Fondo vio como se retiraban recursos por importe, sólo en el año, de 11.648 millones de euros, lo que ha recortado su patrimonio a cierre del año pasado hasta los 53.700 millones de euros, la cifra más baja desde 2011.

La crisis de este instrumento de ahorro parece, por lo tanto, cuestión de tiempo, ya que es bastante previsible que en estos dos años siguientes (2014 y 2015), el desequilibrio financiero de la Seguridad Social provocará nuevas retiradas de dinero para poder hacer frente al pago de las prestaciones económicas. Sería el momento de pensar en poner en marcha algún sistema de ahorro de tipo complementario para que los españoles tengan unas garantías aceptables de que van a cobrar sus pensiones en el futuro. La reforma fiscal en trance de implantarse podría ser una ocasión para establecer incentivos al ahorro.