Un poco más de inflación

El fantasma de la deflación ha extendido su radio de acción en las últimas semanas por la Eurozona y hasta Alemania empieza a sugerir ahora la necesidad de tomar medidas para reanimar la economía de la zona y generar un mayor grado de actividad, entre otras cosas para provocar una cierta debilidad del euro que permita acelerar un poco el crecimiento de la economía.

El cambio de parecer de los alemanes, impulsado en especial por el Bundesbank, banco central del país, considerado como la pieza más ortodoxa del entramado monetario y financiero europeo, tiene un notable significado ya que su influencia se deja notar de modo decisivo en los órganos de dirección del Banco Central Europeo y en las grandes orientaciones de política económica de Alemania y del conjunto de la UE.

Este cambio de parecer en la máxima autoridad financiera germana se produce además en medio de una crisis política internacional, la provocada por los sucesos de Ucrania y por la actitud beligerante de Putin, que pueden provocar un empeoramiento del clima económico del que posiblemente el principal damnificado sería Alemania. Una conflictividad política abierta en el centro de Europa podría traer consigo un debilitamiento de las relaciones comerciales con el coloso ruso, que no le convienen en absoluto a la zona euro y mucho menos a Alemania, en cuanto que este país es el principal socio comercial de Rusia.

La nueva orientación que sugiere ahora el Bundesbank implica un cambio bastante radical de política respecto a la posición tradicional de los guardianes de la ortodoxia, que han estado condicionando estrechamente el quehacer del BCE, limitando los movimientos del máximo responsable de la entidad, el italiano Mario Draghi. El propio rector del BCE ha declarado este martes en una aparición pública que la entidad está dispuesta a tomar medidas efectivas para frenar la consolidación de la caída de precios en la zona euro. La deflación está siendo más acusada de lo previsto, a pesar de que los objetivos de inflación han sido remodelados. Las últimas previsiones oscilan entre el 1% y el 2% de tasa de inflación, cuando en la Unión Monetaria se venía manejando de antiguo el objetivo del 2% como tasa más coherente con la estabilidad y el crecimiento de la economía europea. España es precisamente uno de los exponentes más claros de la extensión del fenómeno de la moderación e incluso de la caída de precios.

Desde hace algunos meses, son muchos los analistas que le están pidiendo al BCE una estrategia más activa de perfil inflacionista, tanto para impedir que los precios se hundan como para estimular el crecimiento económico y enfriar en la medida de lo posible el valor del euro, cuya apreciación es un mal instrumento para la capacidad competitiva de las exportaciones europeas al resto del mundo. Un euro fuerte perjudica a los exportadores europeos pero de modo especial a los alemanes, por lo que no es casual que haya sido precisamente el Bundesbank el que empiece a presionar ahora a las autoridades monetarias europeas a favor de una estrategia monetaria algo más agresiva.

La petición se produce además en unos momentos en los que Estados Unidos está de vuelta, ya que las inyecciones de liquidez instrumentadas hace unos pocos años por la Reserva Federal mediante la compra masiva de activos en el mercado abierto están justamente ahora en fase de reconducción y de retirada. Si el BCE empieza a inyectar liquidez en el mercado mientras Estados Unidos actúa en sentido inverso, los efectos de esta discrepancia podrían traducirse en una convergencia de los tipos de cambio (dólar y euro), lo que tendría efectos importantes en el comercio mundial. En todo caso, la sugerencia de Alemania y la favorable acogida que su propuesta parece haber tenido en el BCE pueden ser el prólogo de una mayor beligerancia monetaria en Europa y, a la postre, de una significativa recuperación del crédito y de la actividad económica.