España, inversor exterior con pies de barro

España, las principales empresas del país, está retomando la tendencia, abandonada estos años atrás, a realizar inversiones significativas en el exterior. Casi en paralelo a la reanimación de las entradas de capitales exteriores en el país, las empresas domésticas miran de nuevo al exterior con talante expansivo. El año pasado, las inversiones directas realizadas por empresas españolas más allá de nuestras fronteras han superado los 17.100 millones de euros, una cifra que queda muy lejos de las alcanzadas años atrás pero que empieza a resultar notable.

El foco de las inversiones españolas en el exterior tiene en Brasil uno de sus centros principales de atracción. Un informe conocido estos días, realizado por la Cámara de Comercio en aquel país, pone de relieve las previsiones de inversión de las mayores empresas españolas en los tres próximos años, por importe de unos 12.800 millones de euros. Estimaciones realizadas por organismos oficiales calculan que, expresado en dólares, el volumen de inversión española en Brasil acumula ya unos 76.000 millones de dólares, como consecuencia de las inversiones protagonizadas por empresas españolas de primera fila como Telefónica, Repsol o algunos bancos. Las empresas españolas ocupan un puesto muy destacado en el entramado empresarial brasileño, con importantes cuotas de mercado en telefonía, servicios financieros o infraestructuras, entre otras.

Para un país de recursos modestos en lo económico como es el nuestro, la cuantía de las inversiones en el exterior es muy considerable, habida cuenta de que en España hay además una tasa de paro del 26%, muy superior a la que tienen cualquiera de los países a los que se orienta principalmente la inversión de las grandes empresas españolas. No sería exagerado decir que si toda la inversión que realizan las empresas españolas en el exterior se centrara en la economía española, la tasa de desempleo sufriría como consecuencia automática de ello un apreciable descenso.

Otra cosa es que las empresas inviertan aquí menos que en el exterior por razones que tienen que ver con la rentabilidad de las inversiones o con el coste de producir en España o incluso con la fortaleza del tipo de cambio del euro, lo que ha provocado, entre otras razones, la fuerte y beneficiosa oleada expansiva de las empresas españolas más allá de nuestras fronteras, en especial en países con gran potencial de crecimiento y afinidades culturales como son los de Latinoamérica.

Brasil, México, Colombia, Chile y en menor medida Argentina o Venezuela, han sido los principales destinatarios de las inversiones de empresas españolas en el exterior en el territorio latinoamericano, que se han complementado con incursiones en otras zonas del mundo. El resultado es una apreciable presencia de empresas españolas en el exterior, quizás la más elevada proporcionalmente hablando entre los países de la OCDE, ya que España ha adquirido rango de gran inversor internacional equiparable e incluso superior a algunos de los países del G-7.

Este despliegue exterior ha ido en paralelo a un fuerte aumento del endeudamiento empresarial, que se estima ronda el 128% del PIB, aunque hace tres años llegó a situarse en el 143% del PIB, lo que indica el descomunal tamaño de la expansión exterior de las empresas españolas y su correspondiente carga de deuda financiera. La media de los países de la OCDE apenas ronda el 97% de deuda sobre el PIB.

La cuestión que puede plantear este dualismo de la economía española (muy fuerte expansión inversora internacional frente a una débil posición inversora en el país de origen, en el que no se dan las condiciones idóneas para esta agresiva expansión) es el de analizar hasta qué punto el crecimiento hacia fuera podría revertir en mayores beneficios para la economía española, no sólo por la vía de rentas de capital (fruto de la rentabilidad de las inversiones exteriores) sino de la inversión y el empleo.