El pesado lastre del déficit

Las cuentas públicas españolas no son un timbre de orgullo, dada la cuantía de su desequilibrio (el conjunto del sector público ha gastado en once meses 55.800 millones de euros más de lo que ha ingresado), pero con el tiempo se están arreglando, más lentamente de lo deseable, pero a la postre se encuentran en fase de corrección. Este desfase es todavía el doble del que se considera simplemente aceptable según los estándares europeos, que no ven con buenos ojos un déficit de cada ejercicio fiscal por encima del 3% del PIB. Y nosotros llevamos ya seis ejercicios incumpliendo sistemáticamente este descalabro, con el consiguiente aumento del volumen de deuda acumulada, que ahora está ya rozando el 100% del PIB. Bien es verdad que España había atravesado los nueve primeros años de pertenencia a la UE con déficit inferiores al 3% del PIB, de ellos incluso tres con superávit. Pero a partir del año 2008 las cosas se empezaron a torcer y de ahí todavía no hemos salido.

Las buenas noticias de este martes han puesto de relieve un déficit del conjunto de las Administraciones Públicas del 5,4% del PIB hasta finales de noviembre y, en otro aspecto también importante relacionado con el dinero público, los mercados han concedido a España algo más de 3.000 millones de euros en crédito a corto plazo (3 y nueve meses) a tipos sensiblemente más bajos que en la anterior subasta de Deuda Pública. Además, la Comunidad de Madrid ha logrado salir al mercado abierto tomando dinero prestado por importe superior a los 1.000 millones de euros a tipos de interés aceptables, lo que no ocurría desde hace bastante tiempo. Todo ello refleja un día más la mejoría del clima económico español y de la visión que tienen de nosotros en los mercados internacionales de capitales.

El compromiso que tiene el Gobierno español con Bruselas para este año es, deuda bancaria aparte, dejar el déficit público del conjunto del país en el 6,5% sobre el PIB como máximo. En teoría queda algo más de un punto de holgura en el déficit para cerrar el ejercicio sin tirones de orejas. Pero diciembre es un mes bastante imprevisible, de forma que el objetivo del 6,5% sobre el PIB está todavía en el aire, pendiente de la ingeniería fiscal y presupuestaria que se supone pondrán a funcionar estos días los funcionarios de Hacienda para que el Gobierno no tenga que dar muchas explicaciones en Bruselas cuando se conozcan las cifras definitivas.

Uno de los factores que van a influir de forma decisiva en la contención del déficit, que en dos años anteriores había llegado a rebasar el 9% del PIB y en el año 2009 llegó superar el 11%, será la rebaja de los tipos de interés a los que se financia España en el exterior y en el mercado de capitales en general. Las emisiones de Deuda Pública a plazo de 10 años han llegado a situarse a tipos de interés en torno al 4% y el tipo de referencia para este plazo se encuentra desde hace varias semanas en torno al 3,7%. A corto plazo, los tipos son ya del 0,67% a nueve meses y del 0,35% a tres meses de plazo.

Como estos costes de la deuda son sensiblemente menores que los presupuestados, se puede decir que España tendrá que pagar, según estimaciones oficiales, unos 8.800 millones de euros menos en el conjunto del año que ahora finaliza, lo que supone un ahorro muy considerable, de casi 1 punto del PIB. Parece que los ingresos fiscales están contribuyendo también, en los últimos meses, a dotar de más recursos al Estado, resultado en parte de una todavía modesta recuperación económica. El logro de unas cifras menos perversas como las de años anteriores puede mejorar la credibilidad económica del Gobierno, aunque amortizar el enorme stock de deuda que hemos acumulado va a costar bastantes años sin alegrías presupuestarias.