El relevo de Bernanke

Esta semana se agota el mandato de Bernanke al frente de la Reserva Federal estadounidense tras 8 años al frente de la institución central financiera más importante del mundo y, tras la última reunión del miércoles, llega el turno de su sucesora, Janet Yellen. Todo parece preparado para el continuismo más literal mientras se hacen análisis con luces y sombras del mandato de Bernanke al frente de la Fed en este periodo de tiempo crucial.

El desmontaje parcial de las ayudas a la liquidez, iniciado hace un mes con el recorte de 10.000 millones de dólares en los apoyos al mercado mediante la compra de activos, quizás no tenga ahora mismo (en la reunión de esta semana) continuidad y se quede de momento en los 75.000 millones de dólares mensuales de compra de activos decidida tras el recorte en diciembre, cantidad que sigue representando un importante apoyo a la fluidez monetaria de la mayor economía del mundo. Hay desde hace tiempo pronósticos que apuntan hacia un descenso gradual de estos apoyos, que ya acumulan una cifra espectacular de activos en manos de las autoridades monetarias del país, a los que habrá que darle alguna salida en el futuro.

La eficacia de estas medidas de apoyo ha sido valorado de forma muy positiva, lo que conduce a una valoración considerable del autor de este programa, Ben Bernanke, en cuyas manos ha estado realmente el timón de la economía mundial durante esta crisis económica y financiera, la primera de carácter global a la que se ha enfrentado el mundo y cuya profundidad y amplitud no eran conocidas. Son muchos los analistas que han reflexionado sobre la tardanza de las autoridades estadounidenses, y más tarde europeas, en detectar primero y en actuar después, con vistas a cortar unos problemas que ahora, a posteriori, muchos creen ver con claridad. La espectacular elevación de los precios inmobiliarios y las manipulaciones de activos irreales que desarrollaron los bancos estadounidenses están en el origen de la crisis.

Sigue, además, sin aclararse qué habría pasado si en vez de actuar con una actitud de manga ancha, dejando que las entidades quebradas se vinieran abajo para que el sistema se limpiase por sí solo, se hubiera asumido desde el primer momento el coste de digerir a las entidades con serios problemas de liquidez y solvencia, asegurando en todo caso la fluidez monetaria que luego se ha convertido en estrategia inseparable de los bancos centrales de casi todo el mundo, en grados ciertamente diversos.

La respuesta a este interrogante sigue en el aire, aunque posiblemente no exista un hilo argumental que permita establecer conclusiones concluyentes de cara a una rectificación en el futuro. Lo sucedido ha servido, en todo caso, para extraer lecciones que no permitirán una fácil repetición de algunas conductas en el futuro.

Sea como sea, en Europa, vista la experiencia de Estados Unidos, se han adoptado estrategias más comprensivas y el Estado ha tomados las riendas de las situaciones bancarias comprometidas, a costa de un aumento importante de las inyecciones de dinero público a las entidades financieras, como el caso español pone de relieve.

El dinero que ha utilizado el sector público en Europa para auxiliar a los bancos ha sido bastante cuantioso, pero siempre cabe la esperanza de su recuperación. En el caso español, los cuantiosos recursos aportados por el Estado y por la UE para reequilibrar un sistema que se consideraba modélico hace aún unos pocos años tardarán unos cuantos años en volver a su punto de origen, las arcas públicas, si es que vuelven, aunque siempre cabrá preguntarse si no habría sido peor adoptar una actitud de dejación como hicieron inicialmente en Estados Unidos, lo que posiblemente, según se considera por estos lares, habría causado males mayores o mucho mayores.