El empleo todavía se hace esperar

La venta anticipada de los datos de la EPA ha provocado una cierta decepción ya que las previsiones del Gobierno se han quedado por encima de la realidad. Hay que hacerse a la idea de que el progreso del empleo y la recuperación de la actividad irán despacio aunque la economía salga poco a poco de la crisis. En esta primera fase del resurgimiento, las cifras del mercado laboral pueden incluso empeorar ya que si la gente se cree que vamos a mejor, la población activa tenderá a recuperarse, el paro puede crecer a ritmo superior al que lo haga la ocupación y por ello la tasa de paro, del 26%, se podría ir hacia arriba. Los parados que engrosen en esta primera fase el ejército de los buscadores de empleo está saliendo más del pelotón de los desanimados que de la pérdida de puestos de trabajo.

Las cifras del cuarto trimestre son, en suma, un enigma sobre el que resultará difícil establecer previsiones fiables para el futuro. Por ejemplo, la campaña agrícola del final de año ha sido excelente y la ocupación agraria se ha disparado, lo que no tiene visos de continuidad debido al carácter estacional. El sector servicios ha perdido mucha mano de obra en el cuarto trimestre a pesar de la buena campaña de ventas que esgrimen los comerciantes y la construcción no reacciona. El turismo está dejando menos beneficios de los esperados, aunque en este caso cabe esperar un avance importante en el año recién iniciado, en el que se podría llegar a batir con más holgura el récord histórico de visitantes y sobre todo el récord de ingresos por turismo.

La industria, a pesar del buen ritmo de las exportaciones, ha hecho bastante con mantenerse más o menos estable en sus cifras de empleo durante el último trimestre del año, pero en el conjunto del año ha destruido nada menos que 109.000 puestos de trabajo, el sector más nocivo para la ocupación durante el año. La industria quizás se esté incorporando tímidamente a la recuperación económica, pero está claro que la reactivación económica internacional no nos está ayudando lo suficiente. Parece que en los últimos meses hay mejores perspectivas para el sector industrial, pero el balance anual es todavía muy negativo, con una destrucción de casi el 5% del empleo en el conjunto del año. Es el principal sector receptor de inversiones productivas y cabe suponer que el empleo se recupere con cierto vigor este año. En todo caso, ha sido el que menos ha contribuido a la vuelta del nivel de empleo a cifras positivas durante el año que acaba de finalizar.

El sector de la construcción, por el contrario, ha entrado ya en cifras algo más modestas de destrucción de empleo, aunque todavía por encima de los 95.000 en el conjunto del año. Desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, el sector de la construcción ha destruido 1,7 millones de empleos.

Se está dando mucha importancia en el análisis del mercado de trabajo el año pasado a la caída de la población activa, unas 267.900 personas en el conjunto del año, un 63% de las cuales son extranjeros que habrán regresado a su país. Posiblemente la caída de la población activa en proporciones apreciables, aún contando con el efecto de los extranjeros, sea un indicador de la moderada fe que tienen las familias españolas en la recuperación de la economía y el empleo. De todas formas, hay 1,8 millones de hogares en los que todos los integrantes están en el paro, lo que indica que la reserva de población activa potencial de cara a los próximos meses será importantísima.

En cuanto a la ocupación, su descenso en casi 200.000 personas el pasado año (la mitad en el sector industrial) deja la población ocupada todavía por debajo de los 17 millones de personas, cifra que resulta insuficiente para cubrir las necesidades de funcionamiento de la economía en cierto grado de equilibrio. No será posible a corto plazo, por este motivo, confiar en una vuelta de la Seguridad Social al superávit, ya que la base de cotizantes es demasiado escasa. La ocupación ha caído de forma más acusada en el sector público (un 4,2%, con 121.400 empleos menos) que en el privado, en donde se han destruido 77.400 empleos.

El ajuste de empleo en el sector público es, a pesar de lo aparatoso de las cifras, una cuestión aún inacabada. Hace pocos años estábamos por encima de los 3 millones de ciudadanos viviendo del Estado en sus diversas facetas, una nómina que una economía como la española, con unos 16,7 millones de españoles produciendo (de ellos, 2,79 millones son funcionarios), no se puede permitir. Tampoco se puede permitir la existencia de 1,3 millones de universitarios engrosando las cifras oficiales de parados.