España, ¿en un círculo virtuoso?

España ha entrado en un círculo virtuoso, acaba de sentenciar un analista de J.P. Morgan. Se refiere, claro está, a la economía y a la versión más dulcificada que estamos viendo en estas primeras semanas del año, unos mercados que suben sin parar y en donde parece que todo lo que suena a español está rebosante de virtudes sin riesgo alguno. Y las cosas, por desgracia, distan mucho de ser así, aunque de momento nos vayamos contentando con algunas alegrías. Hemos pasado de lo peor a lo estupendo casi sin solución de continuidad, con riesgo de exageración en ambos casos.

Una de las alegrías, este jueves, ha sido la subasta de bonos y obligaciones del Estado, en la que ha habido una demanda espectacular por parte de los inversores, en su mayoría extranjeros, para comprar títulos españolas de deuda soberana, lo que ha aprovechado el Tesoro Público para colocar unos 5.900 millones de euros a tipos más bajos de los últimos años. Una parte se ha colocado a 3 años al 1,6% y otras dos, a plazos por encima de los 12 años y hasta 15 años, a tipos algo por encima del 4%.

Desde el punto de vista financiero, el coste de esa triple emisión es estupendo. Lo es también el hecho de que el Tesoro esté estirando el plazo de amortización de la Deuda Pública, es decir, amortizando títulos a plazos cortos o medios y sustituyéndolos por otros de más dilatada amortización, lo que reducirá en el futuro la presión de las amortizaciones, al escalonar más adecuadamente los vencimientos. Pero si del bajo coste y de la alta demanda pasamos a considerar el volumen, la valoración ya no es tan positiva.

España tiene un problema de deuda, en especial de deuda externa, tanto pública como privada. De la pública se ocupa el Tesoro y ya ronda el 100% del PIB, un volumen de deuda que España no había conocido en su historia moderna y que, por este motivo, debería resultar inquietante y motivo de reflexión, ya que una deuda pública tan elevada condicionará en alguna medida la salida de la crisis y la toma de velocidad en el crecimiento.

Casi todo el mundo está convencido de que España va a crecer, pero lo hará de forma lenta, con riesgo de que sigamos perdiendo nivel de renta comparativa ante el resto de la Unión Europea, cuando en los primeros años tras la integración la renta por habitante se acercó rápidamente a la media europea. El crecimiento del PIB de este año, que está generando expectativas positivas porque puede ser más elevado que el inicialmente previsto (se habla ya de superar el 1% cuando el objetivo oficial se mantiene en el 0,7%), posiblemente se quede por debajo de la media de la Unión Europea y en particular por debajo de la media de las cuatro mayores economías europeas, que deberían ser nuestra principal referencia. Puede que Francia tome este año el relevo de país problema en sustitución de España y de Italia, pero el objetivo español de crecimiento debería resultar más ambicioso, con objeto de crecer más que el resto de nuestros vecinos europeos, para recuperar el importante desnivel de riqueza, que ha aumentado de forma considerable en los años de la crisis reciente.

Las afirmaciones de los analistas de Morgan sobre el “círculo virtuoso” en el que se encontraría la economía española suenan más a ingeniosa presentación que a realidad. Para que el virtuosismo económico funcione, es necesario por encima de todo que el devenir de la economía se mueva hacia el fomento de la producción y el empleo. En España habrá círculo virtuoso sólo cuando las cifras de paro empiecen a descender y lo hagan de forma consistente y sistemática, ya que estamos en torno al 26% de la población activa y sin perspectiva próximas de creación de empleo. Y eso requiere que todo el optimismo que nos invade se traduzca en inversión real y productiva, algo que de momento está alejado de nuestra realidad cotidiana.