Bankia, el riesgo de una venta prematura

La privatización de Bankia parece ya sobre la mesa, aunque no sea una privatización de cuerpo entero, ya que el 88% del capital en manos del sector público tiene un valor bastante superior al que refleja la mera capitalización bursátil. La opción que parece barajarse en estos momentos es una venta parcial que permita mantener más del 50% del capital, es decir, el control, en manos del Estado.

La venta a un socio sin capacidad de decisión no parece una idea muy atractiva para un posible comprador, aunque puede ser un primer paso con expectativa de futuro para el hipotético accionista minoritario. El Estado no va a recuperar gran cosa con una venta tan modesta (teniendo en cuenta lo que ha puesto) y cabe suponer que a la vuelta de unos cuantos meses, quizás uno o dos años, el precio de venta para una participación de control sea realmente atractivo y sustancioso, sobre todo si la entidad es capaz de superar con éxito razonable las pruebas de estrés a que serán sometidos todos los bancos europeos de tamaño grande dentro de unos meses. Además, cumpliría una condición adicional que quizás mereciera la pena sopesar, la de ampliar la base de competidores del sector financiero español, que se ha quedado muy corta tras la tremenda reorganización vivida en estos últimos años.

Bankia vale ahora en Bolsa unos 15.200 millones de euros, pero su valor debe mirarse en función de las expectativas de futuro y de su posición en el mercado español. Los dos grandes bancos valen unas 4 ó 5 veces más. Es una entidad bien gestionada en la actualidad y razonablemente saneada y en marcha. La presidencia de Goirigolzarri es un activo de primer orden ya que se trata de uno de los profesionales más solventes de su oficio. En estos momentos, quizás el mejor, y eso tiene por sí mismo un valor considerable, que no se refleja en los libros. La cotización en Bolsa se ha duplicado en unos pocos meses y ahora las acciones están en torno a 1,35 euros cada una, cuando el pasado año marcaron, tras la ampliación de capital, un precio de alrededor de medio euro. Hay una sensación bastante extendida (aunque no unánime) de que Bankia no es en modo alguno un barco a la deriva sino un negocio que puede llegar a ser brillante y que ahora mismo está a precio de ganga.

Los analistas no se ponen de acuerdo a la hora de valorar la compañía ya que hay quien le asigna un precio objetivo de poco más de 0,20 euros por acción hasta quien lo pone por encima de 1,50 euros. Unos aconsejan vender y otros muchos dicen lo contrario, aunque todas estas valoraciones tienen por destinatario más al inversor individual que a un socio institucional, que es lo que ahora se plantea como posibilidad para que el Estado empiece a recuperar dinero tras las fuertes inyecciones de capital que ha realizado el pasado año.

Lo que parece claro es que en Bankia no ha habido pasos atrás. Su progresión es continua y cabe suponer que lo mejor está aún por llegar, que el precio de mercado se fortalece cada día. El próximo examen del BCE a la gran banca europea, a finales de este año, quizás llegue en un momento muy oportuno para esta entidad porque para entonces ya habrán surtido efecto las políticas de regeneración empresarial que ha estado aplicando en estos meses de duro ajuste.

Algunas otras consideraciones de ámbito más general también ayudan. Una de ellas, la normalización de los mercados de financiación internacionales, de forma que Bankia ya no padece asfixia financiera a la hora de disponer de recursos ajenos, como ha puesto de relieve en los últimos días, en los que ha realizado alguna emisión en los mercados de capitales internacionales, con masiva afluencia de ofertas de dinero desde el exterior. Otra consideración tiene que ver con la evolución positiva de la economía española, que contribuirá a mejorar el valor de los activos bancarios y a frenar el deterioro de los balances. La subida del valor de los bancos españoles ha sido generalizada en las últimas semanas.