Rajoy, en la Casa Blanca

Da la impresión de que el Gobierno quiere saturar el ambiente de buenas noticias económicas y de valoraciones optimistas para contrarrestar los desafectos y contratiempos que le están llegando por diversas vías y que amenazan con arruinar aún más las expectativas electorales. Algunas de las grandes novedades económicas positivas de estos días pasados no logran ocultar problemas que antes o después nos pasarán una dura factura. La caída de la prima de riesgo y el abaratamiento de la deuda por debajo del 4% no deberían hacernos olvidar que en breve plazo España traspasará con bastante probabilidad el umbral del 100% de Deuda Pública sobre PIB, es decir, un año entero trabajando para pagar las deudas asumidas en estos años de crisis. El hecho de que nos den facilidades para pagar deudas y nos cobren intereses razonables no quiere decir que la deuda vaya a ser fácilmente digerible.

Lo malo del calendario político es que en breve va a adquirir un ritmo acelerado y una secuencia de etapas que conducirá inexorablemente a la gran cita del final de la legislatura, en noviembre del año 2015, si el calendario oficial se mantiene como está previsto. Para entonces, la economía debería estar bastante más aseada que en el presente y eso le otorga a Rajoy algunas esperanzas, pero no está claro que por el camino no sufra algunos contratiempos, incluso severos. A finales de mayo se elegirán los más de 700 diputados del Parlamento Europeo, de los cuales 54 corresponden a España. Es una primera cita que exige preparación y que dará una lectura actualizada del estado de los apoyos políticos con los que cuentan las diversas opciones políticas españolas.

El Gobierno de Rajoy, que abre esta semana con una visita a EE.UU. cargada de contenidos económicos, haría bien en no precipitarse a pesar de que los analistas del banco de inversión J.P. Morgan han revisado al alza las previsiones de crecimiento para este año en base a la recuperación observada en la demanda interna. Hasta ahora se tenían buenas sensaciones por el buen ritmo de sector exterior, tanto en exportaciones como en ingresos por turismo. La reciente campaña de Navidad ha puesto de relieve un ritmo de gasto bastante más firme del que se esperaba, cuya lectura no pasa tanto por el análisis de la renta disponible (que sigue en retroceso) como por un grado de confianza más generoso en el inmediato futuro. Da la impresión de que los consumidores españoles se han rascado el bolsillo más de lo que se pronosticaba. Las mejoras de los indicadores de confianza son también un interesante termómetro que apunta hacia las buenas sensaciones económicas, con potencial traslado a las urnas.

La visita a la Casa Blanca constituye un espaldarazo político importante para cualquier presidente español. Así ha sido siempre y esta vez no tendría por qué cambiar. Todos los antecesores de Rajoy lo han buscado con ahínco y lo han encontrado, aunque no todos lo hayan publicitado con fortuna. En el Despacho Oval se puede recibir un aval que los medios financieros internacionales mirarán con especial atención.

España lleva ya varios meses, desde mediados del año 2013, subiendo su caché en la escena económica internacional. Lo están reflejando las cifras de compra de deuda española por parte de extranjeros, así como las entradas de dinero de algunos fondos especulativos (y oros que no lo son tanto) comprando las numerosas gangas que se les ofrecían en la maltrecha economía española de meses atrás. Está entrando dinero de diversas procedencias, incluso de países emergentes, en especial de Latinoamérica.

Pero, sobre todo, de economías avanzadas. Algunas de las emisiones lanzadas estos días por empresas privadas y por bancos han logrado atraer porcentajes superiores al 70% de dinero procedente de mercados como Reino Unido o Alemania. La prima de riesgo o diferencial de tipos de interés con los países más desarrollados ha caído a niveles de hace varios años. Estamos, por lo tanto, bien considerados en el exterior, ya no somos un problema mayúsculo sino un alumno disciplinado, obediente y eficaz. Pero todo esto no basta. La audiencia del boss (el amo, el jefe, el mandamás…) es un buen motivo fotográfico que confirmará la confianza en el país y en el líder, aunque tiene más aspecto de inicio de etapa que de cierre de ciclo.