2014, un año de esperanzas

Para el año 2014 se han dado cita un importante elenco de novedades positivas que permiten suponer que será un año de talante positivo tras dos ejercicios en los que España ha atravesado el infierno de una segunda recesión, la segunda en apenas cinco años, una desgracia que la historia no nos había deparado nunca con anterioridad. Máxime porque la profundidad de esta recesión ha alcanzado simas desconocidas, de las que la sociedad española va a salir bastante malparada en el plano social.

La salida de la crisis no se presume, en todo caso, ni rápida ni contundente. El retorno a tasas de crecimiento del orden del 3% se considera poco probable antes de dos o tres años. Hay que contar, en todo caso, con el calendario electoral, ya que la actual legislatura acaba de iniciar su segunda mitad, lo que implica que las fuerzas políticas, y desde luego el Gobierno y su partido, prepararán ya sus estrategias con la vista puesta en la recta final que conduzca a las urnas. Esta segunda mitad de la legislatura en la que el Gobierno ha estado respaldado por una mayoría absoluta será posiblemente la última oportunidad para afrontar reformas de calado, algunas de las cuales se han quedado en el tintero y alguna otra a medio hacer.

La primera y quizás más importante de las novedades que nos reserva el año próximo es la de una feliz conjunción entre las principales economías del mundo, creciendo a ritmos más o menos sincronizados y en todo caso mejores que los del año 2013. Hace tiempo que esta circunstancia no se producía y su lectura debe ser necesariamente positiva para la economía española, que debería sacar provecho vía sector exterior, gracias a un crecimiento más sólido de las exportaciones y un nuevo año récord en materia turística, tras los datos ya elevados que han logrado ambos sectores durante el año 2013. La economía de Estados Unidos tendrá una contribución esencial al crecimiento mundial durante el año entrante, durante el cual se espera que la Reserva Federal culmine su fase de desmontaje de los mecanismos de apoyo a la liquidez que ha debido desarrollar durante los últimos 5 años para sentar las bases de una expansión sólida y duradera de la que se espera que aporte ya frutos notables durante el año 2014, con tasas de crecimiento en torno al 3%.

En el plano estrictamente doméstico, el año 2014 llega para España con varias promesas importantes y un enemigo indiscutible a batir, el desempleo. Con un 26% de tasa de paro, España tiene por delante el desafío descomunal de dar ocupación a varias generaciones de jóvenes preparados como nunca había tenido antes la sociedad española, pero que no han podido aún degustar la satisfacción y en especial la oportunidad de contar con un empleo adecuadamente remunerado. Pocos se atreven a pronosticar un buen año para el empleo durante 2014, pero sí que se barajan expectativas de cambio de tendencia, con un frenazo al aumento del paro en una primera fase y un leve aumento de la ocupación a partir de la segunda mitad del año.

Los ingredientes con los que el país va a contar para afrontar esta ingente tarea de reducir la tasa de paro serán en todo caso más sólidos que los del año que acaba de concluir. De entrada, el PIB debería abandonar sus tasas negativas desde la primavera en adelante. Los vaticinios sobre el crecimiento económico en el año son variados pero todos se mueven en una banda de previsiones que oscila entre el 0,6% y el 1% de crecimiento para el conjunto del año. La magnitud del aumento de la actividad no es muy brillante pero en los dos últimos años se han realizado cambios importantes en la regulación de la economía que han facilitado el logro de la creación de empleo con menor intensidad en la actividad económica. Aquellas épocas en las que España tenía que crecer por encima del 3% para crear empleo posiblemente han pasado a la historia. Con un aumento del PIB del 1% quizás se empiecen a registrar los primeros avances en los niveles de ocupación laboral en el año 2014.

El año 2014 ofrece una expectativa importante en el plano de las reformas, con la llegada de la nueva fiscalidad que ha anunciado el Gobierno. La comisión de expertos ha trabajado en estos meses en la elaboración de propuestas, cuya traducción en textos legales debería estar lista antes de mediados del año 2014 para su plena operatividad en el ejercicio de 2015. La nueva fiscalidad presenta todavía perfiles confusos pero su orientación principal podría traducirse en un retorno a una menor presión impositiva sobre algunos segmentos de la población gracias a una mejor modulación del IRPF. En el Impuesto de Sociedades, la racionalización de este tributo, en especial el complejo mundo de las exenciones y bonificaciones, podría dar paso a un impuesto más adaptado a las necesidades de la economía. En todo caso, la reforma fiscal busca una mejora de la capacidad recaudatoria de la economía que tendría que ser compatible con la existencia de estímulos a los sectores más dinámicos del sistema productivo, tanto empresas como personas, limitando en todo caso las vías de escape hacia el fraude.

En el plano financiero, la normalidad parece haber retornado al sector bancario tras las fuertes inyecciones de capital que han reforzado a las cajas de ahorros en crisis, pero se mantiene aún la asignatura pendiente de la financiación de empresas y personas físicas, ya que una fase de crecimiento como la que debe afrontar la economía española necesitará contar con una mayor fluidez en el capítulo de las inversiones productivas y estas sólo serán posibles cuando las entidades financieras recuperen su papel como financiadores.

El despertar de la inversión se enfrenta todavía a importantes incertidumbres, como la suma debilidad del consumo privado y la pesada carga de la deuda que aún pesa sobre empresas y familias. La etapa de desapalancamiento o reducción de la deuda, tras las fuertes inversiones realizadas en los años finales del anterior ciclo expansivo, va a condicionar todavía durante algún tiempo el dinamismo de los agentes económicos de cara a una mayor disponibilidad inversora.

También el elevado endeudamiento del sector público proyecta sombras sobre el potencial de crecimiento económico español, a pesar de que los tipos de interés han suavizado su perfil agresivo. En año y medio, el diferencial con la deuda alemana o prima de riesgo ha bajado desde los 559 puntos básicos que marcó a finales de junio del año 2012 (cuando el bono a 10 años llegó a cotizar al 7,03%) hasta los 358 puntos básicos de enero de este año 2013 (con tipos a 10 años en el 5,03%) y hasta los 236 puntos básicos de esta última semana del año, en la que el tipo a largo plazo se mueve más cómodamente en torno al 4,20%. La batalla que deberá afrontar el Estado para reducir la Deuda Pública desde su actual nivel cercano al 100% del PIB hasta cotas más asequibles es posiblemente el mayor desafío que tiene por delante la economía española, junto a la reducción del desempleo.