El BCE y la Fed no son iguales

En su última reunión del año, la Reserva Federal estadounidense decidió rebajar  las compras de activos en 10.000 millones de dólares mensuales,  de forma que en enero de 2014 el importe de las inyecciones de liquidez se verá limitado hasta los 75.000 millones de dólares mensuales. No se esperaba una decisión tan inmediata  tras cinco años de activismo  en este sistema de apoyo a la actividad económica pero la justificación que ha dado la institución (que está a un paso de cambiar de dirigente, con la salida de Ben Bernanke y la llegada de Janet Yellen) se apoya en los datos cada vez más sólidos de la economía estadounidense.

La Fed ha acumulado unos 4 billones de dólares en su balance, tres cuartas partes de los cuales se han almacenado en estos últimos años mediante este programa excepcional, del que los analistas cantan sus excelencias tanto por la originalidad del mecanismo elegido como por el impacto que está teniendo en el  resurgir de la economía estadounidense.

En Europa se alude con frecuencia  en algunos círculos económicos a la conveniencia de que el Banco Central Europeo tome buena nota de la eficacia de este instrumento, aunque el BCE ya realizó hace dos años dos grandes subastas  de crédito a tres años de plazo, cuyo eficacia no ha sido sin embargo suficiente quizás porque el dinero aflorado con las dos inyecciones masivas lo destinaron los bancos a adquirir títulos de deuda pública sin derivar flujos  suficientes de financiación hacia el crédito al sector privado, que es lo que se echa en falta para lograr potenciar la actividad económica y estimular a las empresas.

En todo caso, la eficacia de las inyecciones de la Fed encuentra en el caso europeo una serie de limitaciones que no se dan en aquel país, como el enorme grado de dispersión del poder bancario, muy disgregado en Europa, en donde los bancos centrales nacionales juegan papeles diferenciados según los países. Además, la falta de un mercado bancario integrado  como el de Estados Unidos ha impedido en los dos últimos años  el funcionamiento fluido de los diversos mercados financieros en los que Europa está compartimentada, con tipos de interés diferenciados en los diversos tipos de deudas soberanas y una fuerte dependencia de la posición de los bancos privados respecto del riesgo país.

Se mantiene en todo caso el misterio sobre el futuro ritmo del desmontaje de  los estímulos monetarios a la economía americana. Si  cada mes se recortan en 10.000 millones de dólares las compras de activos,  como parece deducirse de la nota oficial que la semana pasada emitió la Fed, el programa quedará visto para sentencia a lo largo del año 2014. La cifra que se maneja como más plausible para determinar el ritmo de este desmontaje de la política de apoyos es la que aporta la tasa de paro. En la actualidad está en el 7%.

Llegar cuanto antes, quizás antes de finales del año 2014, al 6,5%, daría a los responsables de la Reserva Federal los argumentos suficientes como para reducir drásticamente las compras de activos, tanto  títulos del Tesoro americano como títulos con garantía hipotecaria. Ello siempre que la etapa de tipos de interés bajos se prolongue durante cierto tiempo adicional, sin que la inflación repunte. Este último aspecto es, por otro lado, el que  ha condicionado en los últimos años las políticas expansivas en la Eurozona, junto a las exigencias de reconducción de los déficits públicos.