Extranjeros en bancos españoles

Casi de forma imperceptible, España cuenta desde hace pocas semanas con una poblada presencia extranjera en el sector bancario. A los bancos domésticos, que dominan el territorio de forma abrumadora, no parece haberles importado mucho el asunto, pero ya son cuatro las entidades españolas en las que el capital foráneo tiene un peso considerable, en algunos casos de plena autoridad.

Y falta una quinta oportunidad, que no tardará mucho en sustanciarse, la de CatalunyaCaixa, uno de los bancos en los que la ayuda pública ha vertido importantes recursos para evitar la quiebra y cuya adjudicación a un socio privado está prevista para las próximas semanas, tras varios intentos fallidos. A diferencia de las otras operaciones de entrada de capital extranjero, en esta ocasión ya ha llovido bastante y los candidatos tienen mejor conocimiento de causa a la hora de perfilar sus ofertas y de valorar en qué medida les interesa entrar en el mercado español a probar fortuna. Los grandes bancos ya han podido comprobar, además, que el Banco de España y el Gobierno no van de farol a la hora de dar entrada a capitales foráneos en el sector financiero doméstico, en el que la competencia por parte de entidades extranjeras en el segmento de la banca minorista, el que verdaderamente dominan los bancos españolas, es bastante modesta, a pesar de los numerosos intentos realizados.

La subasta próxima de Catalunya Banc, una entidad con una potente cuota de mercado en Cataluña, abre un interesante interrogante, el de saber si la banca española mantendrá su posición de desdén hacia estas adquisiciones de tamaño menor o si el cebo cunde de nuevo entre los bancos extranjeros, considerando que se trata en este caso de una pieza de envergadura mayor. El hecho de que se trate de un banco de tamaño medio, permite abrigar algunas esperanzas sobre la identidad del comprador: es más probable ahora que los grandes bancos españoles se tomen más en serio la puja por Catalunya Banc y es también más factible la presencia de algún “pez gordo” de las finanzas internacionales interesado en tomar parte en el banquete bancario español, en el que ya no hay tanto desastre y sí, en cambio, más y mejores expectativas de negocio, sobre todo para quien llegue dispuesto a trabajar en el sector financiero sin arrastrar la rémora de una cartera de créditos hipotecarios oxidada.

El capital extranjero ha entrado en estos últimos meses en dos bancos medios, Popular y Sabadell, con participaciones menores, no de control. En ambos casos se trata de inversores latinoamericanos. Además, un fondo, Apollo, ha comprado el Banco Evo, una filial bancaria de las cajas gallegas, centrada en banca on line, que parecía más interesada en ser un remedo doméstico del ING Direct que otra cosa. Y, por último, el venezolano Banesco ha tomado el control de NCG, el grupo fusionado de las cajas gallegas, que tiene una posición muy fuerte en Galicia. Además, los mismos inversores habían comprado hace un año otro banco menor, el Etcheverría, que previsiblemente fusionarán ahora con la última adquisición, el banco NCG, para tener todo dentro de una misma unidad y con el nombre del banco pequeño, medida lógica teniendo en cuenta que una de las tareas apremiantes para los recién llegados es la de superar cuanto antes la mala imagen que tenían las dos cajas.

La subasta de la caja catalana cuenta, por lo tanto, con bastantes ingredientes de interés. Entre otras cosas, el organismo que gestiona estos bancos en crisis, el FROB, intentará arreglar algo el calamitoso balance financiero de la crisis bancaria española. Es mucho en dinero aportado por el sector público para resolver esta crisis de las cajas. La última oportunidad para mejorar algo el balance puede estar a la vuelta de la esquina.