La Fed, atascada

Si pocos esperaban que la Reserva Federal estadounidense hiciera algo en esta penúltima reunión del año 2013, la realidad no ha defraudado las expectativas. El programa de compras de títulos bancarios hipotecarios y activos de deuda pública por importe de 85.000 millones de dólares mensuales con los que el banco central del país insufla dinero en la economía por ese mismo importe sigue adelante, justificado entre otras cosas porque los datos de paro no mejoran lo suficiente, la economía está débil, la inflación apenas supera el 1% y, para rematar las razones de la ausencia de cambios en esta política, el reciente bloqueo presupuestario ha dejado algo maltrecho el aparato estadístico oficial, de forma que los datos no son muy fiables. Y sin datos rigurosos, la toma de decisiones se complica.

La economía mundial sigue, por lo tanto, respirando tranquila en la medida en que lo hace el gigante estadounidense, empeñado en romper objetivos macroeconómicos que justifiquen un cambio en su estrategia. Hay muchas hipótesis abiertas en relación con los efectos que puede tener esta política de inyección de liquidez, desde la que señala que ayudará a mantener una alegría económica ficticia hasta la de quienes aseguran que el corte de las inyecciones se traducirá en una subida de los precios de los activos de algunos países, entre ellos quizás España, que podrán beneficiarse de un mayor atractivo para los inversores internacionales. Pocos se atreven a formular teorías creíbles sobre el impacto de la abundancia de liquidez y sobre el frenazo que pueda producirse, cuando los nuevos responsables de la Fed tomen posesión en la próxima primavera de los mandos del gobierno de la entidad.

El principal cambio que esperan los responsables de la Fed es el relacionado con la tasa de paro, que debería bajar al 6,5% de la población activa para adoptar una actitud menos permisiva con las inyecciones de liquidez. Mientras la actual tasa de paro del 7,2% no se doblegue, los responsables de la política estadounidense mantendrán sus estímulos monetarios, empeñados en provocar una aceleración de la actividad económica que logre recortar las tasas de paro hacia la zona deseada.

Junto a la continuidad de la política monetaria de estímulos líquidos, la Reserva Federal se ha reafirmado en su propósito de no enturbiar el horizonte con los tipos de interés, lo que significa que una eventual subida de estos se retrasa de nuevo, quizás hasta pasado el año 2014. Los tipos de interés en Estados Unidos se mantienen en zona de mínimos desde hace ya tres años y puede que se mantengan un año más, por lo menos.

Resulta bastante arriesgada, en todo caso, la estrategia de inyección masiva de liquidez al mercado, ya que ello se traduce en una acumulación sin precedentes de activos financieros en manos del Banco Central. No se sabe muy bien qué va a pasar con tantos millones de dólares en el balance del Banco Central. Las cifras superan ya los 3 billones de dólares y por lo tanto la contrapartida en dinero efectivo, de cuantía similar, es una posible bomba de relojería, ya que si se empieza a retirar de la circulación, las consecuencias podrían ser muy negativas para el conjunto de la economía global.