Buenas señales financieras

Hay nuevos síntomas en el mercado financiero que alivian la presión sobre la que ha vivido España en los dos últimos años en cuanto a tipos de interés y costes y acceso al endeudamiento, tanto público como privado. La rentabilidad del bono a 10 años se ha situado este martes en el 4%, a punto de caer a la zona del 3%, lo que significa el coste más bajo para la deuda española pública desde hace casi tres años. El volumen de deuda al que ha llegado el Estado español es de tal envergadura (próximo al tamaño del PIB) que este indicador es de una extraordinaria importancia para los costes financieros del sector público. Un punto arriba o abajo en el coste de la deuda, parte de la cual debe ser refinanciada cada año, arrastra consecuencias negativas o positivas de gran magnitud, muy superiores a las de los años pasados, cuando la deuda pública española era alrededor de la mitad de la actual. No debe sorprendernos que salir de esta crisis le cueste a España bastante más que en épocas pasadas.

En paralelo, La Caixa acaba de lanzar una emisión de deuda subordinada en los mercados exteriores, que ha suscitado el interés de los inversores institucionales ya que han presentado solicitudes por importe de 3.500 millones de euros, de los cuales la entidad española ha emitido 750 millones de euros. Hace también tres años que los bancos españoles no lograban emitir este tipo de deuda en los mercados a tipos tan competitivos.

Para complementar las buenas sensaciones, la prima de riesgo o diferencial entre los tipos españoles y los alemanes se ha situado en los 230 puntos básicos, o sea, una de las cotas más bajas desde el año 2011.

Estos indicadores de coste financiero ponen de relieve la recuperación de la confianza de los inversores en el devenir de la economía española. La sensibilidad de los inversores suele ser bastante elevada y casi siempre surte efectos inmediatos. Estos días se han conocido precisamente algunos baremos de capacidad de atracción de la economía española, que no nos dejan en buena posición en la comparativa internacional. Esos baremos, que se confeccionan con opiniones de inversores y analistas del mercado, se han hecho con indicadores de la economía española de hace unos meses, razón por la cual no son ya a estas alturas muy representativos aunque deben ser tenidos en cuenta. Habrá que esperar unos meses para que las encuestas de opinión empiecen a ser más ajustadas a la nuera realidad de la economía española, que parece mejorar de forma consistente desde hace unos meses.

Más interesantes son los indicadores que reaccionan en el corto plazo, actualizando las valoraciones de acuerdo con los datos de la economía real que se van conociendo. En este sentido, tanto la evolución de la Bolsa como los tipos de interés de la deuda a largo plazo resultan bastante más ajustados a las nuevas realidades, aunque el diferencial de tipos de interés con Alemania, que el Gobierno aspira a situar por debajo de los 200 puntos básicos este mismo año, refleja el intento trabajo que aún tiene por delante la economía española para recuperar niveles de confianza propios de la época de antes de la crisis.

Un dato que está llamando particularmente la atención es el vigor de las exportaciones españolas, un termómetro bastante aceptable para dar a conocer la capacidad competitiva del país en los mercados internacionales y que los inversores foráneos están valorando muy positivamente. El crecimiento de las ventas al exterior refleja ciertamente la penuria del mercado interno, ya que las empresas derivan hacia fuera lo que no logran colocar dentro. Pero si lo hacen es porque existe capacidad competitiva suficiente para ello.