Unas cifras no tan favorables

Las cifras de la Encuesta de Población Activa (EPA) han sido menos favorables de lo que se esperaba, ya que la creación de empleo ha sido exigua, apenas 39.500 nuevos ocupados frente a los 149.000 del segundo trimestre. Es más, la variación en términos desestacionalizados, que es la que se calcula descontando los efectos de la fase del año en la que se reflejan las cifras y que es la cifra que habitualmente utilizan los expertos, sigue en negativo, ya que el empleo bajó un 0,42% en el tercer trimestre del año respecto al anterior, lo que eleva a 22 trimestres consecutivos la destrucción de empleo en España, desde el segundo trimestre del año 2008 hasta la fecha.

Por lo tanto a efectos estadísticos y teniendo en cuenta las cifras desestacionalizadas, seguimos en materia de creación de empleo cuesta abajo. Incluso con un ritmo algo más acelerado, ya que la caída del empleo en este tercer trimestre, del 0,42%, ha sido superior a la caída registrada en el segundo trimestre del año, cuando cayó un 0,31%. Con el paro se produce un efecto similar. En términos desestacionalizados aumentó un 0,21% en el tercer trimestre tras haber descendido un 0,82% en el segundo trimestre, el único periodo que a lo largo de esta crisis ha ofrecido síntomas de cambio de rumbo en el mercado de trabajo.

Los datos que describen la evolución del mercado de trabajo siguen presentando, por ello, un panorama bastante desolador, que presenta un estrecho paralelismo con la evolución del PIB, que en estos seis últimos meses apenas se ha movido, con un descenso del 0,1% en el segundo trimestre y un aumento del 0,1% en el recientemente cerrado tercer trimestre del año. La economía española necesita un crecimiento mucho más vigoroso para crear empleo de modo estable.

Dicen algunos analistas, aunque se trata de una predicción por el momento poco creíble, que con aumento del PIB del 1%, en España podría empezar a crearse empleo neto en términos anuales y de forma sostenida. Esa hipótesis se sostiene en la afirmación según la cual la reforma laboral ha logrado incrementar la flexibilidad de los procesos de decisión empresarial, de forma que la inclinación a la creación de empleo no requiere un grado de firmeza en el ritmo de actividad tan alto como en el pasado, cuando los empresarios no se atrevían a contratar hasta que se cumplían una serie de hechos consumados.

Ahora, la posibilidad de dar marcha atrás es más factible además de implicar costes menos gravosos que en la situación anterior. Es esta creencia la que alimenta la confianza en un próximo inicio de una fase de mayor actividad en la contratación, ahora que la economía parece haber despejado algunas de las incógnitas que gravitaban sobre el país. Incógnitas que, en todo caso, no han desaparecido del todo, aunque sí ha mejorado el contenido de los indicadores de confianza y financieros. Uno de los indicadores que está contribuyendo a una mejora de las expectativas es indudablemente el papel motor de la inversión extranjera que está en alguna medida liderando el retorno de la inversión a algunas actividades de la economía con buen potencial productivo. Sobre todo, las orientadas a la exportación.

De las cifras que ha ofrecido este jueves la EPA merece también la pena destacar el retraso con el que el sector público está afrontando el ajuste de empleo, ya que en el tercer trimestre el aumento del empleo que reflejan las cifras originales (no las desestacionalizadas) indica que la escasa inyección de empleo está corriendo a cargo del sector privado, mientras el sector público sigue reduciendo el número de sus efectivos laborales. Desde el inicio de la crisis, el sector público ha recortado cerca de 400.000 empleos, una cifra ciertamente elevada pero que parece que aún puede ofrecer más retrocesos en la ocupación. Este fuerte descenso del empleo público, que aún se prolonga, se debe tanto al exceso de las plantillas de las diversas Administraciones Públicas como al hecho de que hasta bien entrada la crisis el sector público seguía contratando personal, como si los recursos fueran ilimitados y la crisis no fuera con él.