Los Presupuestos necesitan una dosis de realismo

Ante los grandes números del Presupuesto del Estado que presenta este lunes el Gobierno son muchos los que se preguntan, una vez más, si de verdad se van a cumplir. Un Gobierno que en tiempos de crisis logre cuadrar las cuentas de acuerdo con sus objetivos iniciales sería un Gobierno serio y respetado. Por desgracia, esto no ha sido lo habitual en los países occidentales a lo largo de esta larga crisis. En el caso del Presupuesto español, no sólo se trata de llegar a final de año con unas cifras lo más parecidas posible a las que se anuncian en el proyecto inicial sino que tienen la obligación de ajustarse a los mandatos de organismos internacionales como la Comisión Europea. A la eventual sanción de los mercados por un hipotético incumplimiento se unen las de la Comisión Europea y las eventuales consecuencias de una rebaja en las calificaciones de las agencias internacionales.

España tiene que acabar el año 2013 con un déficit del 6,5% del PIB para el conjunto del país, incluyendo Autonomías y Seguridad Social. Para el año 2014, al que corresponde el proyecto que este lunes se presenta, el déficit público consolidado debe ser del 5,8% del PIB, para abrir la puerta a un déficit menor, del 4,2% en el año 2015 y, al fin, un 2,8% en el año 2016, que es cuando todos deberían respirar con algún alivio ya que la barrera del 3% es la que se considera generalmente como pecado tolerable. El que puede ser principal obstáculo para el logro de un déficit consolidado más en línea con las necesidades de la economía es la recuperación del equilibrio de la Seguridad Social, factible a medio plazo si se realiza una auténtica reforma de las pensiones, a la que el país no parece muy dispuesto.

Otra cosa, más importante incluso, es qué va a pasar con el stock de deuda pública, que parece predestinado a deambular por encima del 100% del PIB durante varios años, lo que supone atravesar una larga etapa con un importante corsé que limitará nuestras posibilidades de crecimiento y la confianza de nuestros acreedores internacionales para prestarnos dinero. Con un endeudamiento de este porte, que se agrava aún más cuando se le suma el del sector empresarial y el de las familias (deuda hipotecaria), España parece condenada a deambular varios años por la segunda división europea, con lo que ello implica de capacidad muy condicionada a los recursos financieros internacionales.

La confianza que reclama el Gobierno para estos Presupuestos exige un alto grado de realismo, lo que no siempre parece inspirar las declaraciones de los diversos portavoces oficiales. Se está repitiendo hasta la saciedad que estos Presupuestos van ser los de la recuperación económica. Hay que tener un elevado grado de audacia para llamar “recuperación” a un crecimiento de la economía, del PIB, que el propio Gobierno pronostica que va a ser del 0,7%. El Gobierno sigue confundiendo intencionadamente salida de la recesión con recuperación de la economía, cuando son cosas bien distintas.

Desde luego el 07% de subida supone un giro importante respecto al retroceso del 1,3% con el que previsiblemente se va a cerrar el año 2013. Pero hablar de recuperación en la economía sólo es permisible cuando el PIB crece en torno o por encima del potencial de crecimiento de la economía, lo que nos obliga a reservar la utilización de la expresión “recuperación económica” a ritmos de crecimiento por encima cuando menos del 2% o, en todo caso, aumentos de la actividad que se traduzcan en crecimientos netos del empleo y recortes sistemáticos en la tasa de paro. Nada de esto parece previsible para el año 2014 y quizás sea factible en el año 2015, aunque si antes se toman medidas que de momento el Ejecutivo sigue sin adoptar.