Día de sensaciones económicas fuertes

Tendremos hoy doble ración de medidas económicas: la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2014 junto al cuadro de previsiones macroeconómicas y la puesta en marcha de la nueva regulación de las pensiones, a la que le espera un proceloso recorrido por las Cámaras y por los diversos foros de debate, calle incluida. Son los dos platos más fuertes de los últimos meses y del inmediato futuro. Nacen con algún resquicio de esperanza pero en medio de una severa crítica de los agentes sociales y de algunos analistas y expertos.

Para empezar, el Presupuesto tendrá que ajustarse a las exigencias de Bruselas en lo que a déficit se refiere. Es decir, un 5,8% del PIB como desequilibrio para el conjunto de las cuentas públicas frente al 6,5% que debería respetarse para este año que inicia en pocos días su recta final, el último trimestre. No hay muchas esperanzas de que el Gobierno acabe el año 2013 respetando el objetivo marcado por Bruselas, aunque todavía queda bastante terreno para ajustar las cuentas.

Lo ajustado de los números ha influido ya de forma drástica en las cifras del año 2014, con un primer aldabonazo en donde se esperaba, el sueldo de los 2,6 millones de personas que viven del Estado y de los entes territoriales. Verán congelados sus ingresos por cuarto año consecutivo, aunque en realidad son cinco tras el tajo que le dio Zapatero a los sueldos in extremis a mediados del año 2010, presionado por Bruselas. Con los salarios públicos, los gastos del Estado serán de nuevo raquíticos en algunas vertientes de la cosa pública, como las inversiones en infraestructuras o la tacañería en incentivos fiscales a las empresas y a las personas.

La previsión de crecimiento del PIB para el año 2014, algo por debajo del 1%, es la gran baza con la que espera contar el Gobierno para enderezar un poco las cuentas públicas, que deberían acercarse al 2,8% del PIB como déficit público máximo en el horizonte del ejercicio de 2016. Esto significa que la deuda pública va a seguir en alza durante los próximos años, superando con cierta holgura el listón del 100% del PIB, lo que nos situará persistentemente bajo la atenta mirada de las agencias de calificación. Ello, además, en plena campaña del Gobierno para convencer a algunas de estas compañías para que mejoren la calificación española.

Con todo, la rebaja de la prima de riesgo en los últimos meses ha logrado recortar de forma apreciable los costes financieros en los que el Estado habría incurrido. No quiere esto decir que los costes financieros vayan a bajar, como parece deducirse de algunas declaraciones oficiales públicas cargadas de optimismo y medias verdades. Lo que va a suceder es que el coste medio de la deuda (cuyo volumen es cada año más elevado) ha disminuido de forma apreciable. Debemos más dinero, pero la deuda nos la prestan a costes más bajos, lo que no deja de ser un modesto alivio que, sin embargo, no evitará que la factura en costes financieros de la deuda del Estado vuelva a dispararse al alza en el año 2013 y desde luego en los años siguientes, en la medida en que el stock de deuda en circulación irá en aumento.

La fructífera reunión del Gobierno este viernes se completa con el nuevo proyecto de ley de pensiones, que no ha recibido precisamente parabienes de los agentes sociales, incluidos los empresarios. La gélida acogida vaticina un otoño-invierno bastante levantisco.