Lo que podemos esperar de Merkel

La victoria de Angela Merkel en Alemania no ha causado grandes disgustos en España, no ya a nivel gubernamental sino en general en el arco político no extremista. A pesar de la deplorable sensación que percibe el embajador germano en nuestro país, expresada en varias ocasiones de forma pública (en abril en El País, hace días en unas amplias declaraciones en El Mundo, entre otras apariciones) en las que echa mano de bastantes más tópicos de los que serían comprensibles en un novato recién aterrizado en España (no es el caso de Reinhard Silberberg), somos muchos, no me atrevo a decir que mayoría, los españoles que admiramos el coraje político y el buen hacer de la señora Merkel, cuyo trabajo ha librado a los alemanes de la crudeza de la crisis económica en medida más que aceptable. No es una sorpresa que le hayan renovado su confianza tras ocho años de trabajo para otros cuatro más. Si en España hubiéramos tenido una Merkel, de derechas o de izquierdas, otro gallo nos habría cantado.

La tarea de gobernar Alemania se le debería simplificar ahora a la canciller germana, a juzgar por los contundentes resultados, que sin embargo aún no alcanzan la mayoría absoluta. En consecuencia, debe pactar para gobernar. No puede hacerlo con los liberales, sus aliados anteriores, ya que han quedado fuera del Bundestag. La alternativa es acudir a los Verdes o reeditar la gran coalición con los socialdemócratas, hipótesis esta última que tiene bastantes antecedentes en Alemania, no sólo para gobernar en coalición sino para acuerdos puntuales sobre temas específicos.

Quizás tardemos un mes en conocer el resultado de una elección de socio que se presenta complicada. La gran coalición tiene muchos puntos en contra, entre ellos que la situación actual no es de emergencia nacional, lo que habría justificado una convivencia entre los dos grandes partidos que en realidad tiene más de excepcional que de necesaria. Pero un acuerdo con los socialdemócratas facilitaría bastante la labor de Gobierno de la nueva canciller al disponer también del control del Senado (Bundesrat), una cámara que tiene algunas competencias decisivas en materia legislativa en especial cuando se trata de fijar políticas para los Estados federales, que son los que cuentan con la representación proporcional en esta cámara. Por lo demás, las exigencias de los socialdemócratas quizás no sean insalvables, sobre todo en la perspectiva de una economía que tendrá que gestionar el crecimiento más que la austeridad en los próximos meses.

Pero la victoria de Merkel, con cuatro años por delante para consolidar la recuperación económica alemana y europea y para reforzar institucionalmente la Eurozona, sí que serviría para dar pasos importantes en la construcción europea y la superación de la crisis, si cuenta con un Gobierno fuerte, importante apoyo interno y capacidad de entendimiento con los principales socios de la UE. Con ser importantes los pactos internos en Alemania para consolidar su Gobierno, Merkel posiblemente busque más apoyos en el resto de la UE para desarrollar una política que ha tenido en la austeridad un prólogo posiblemente necesario pero insuficiente. Ahora toca rematar algunas de las reformas a nivel comunitario que en estos últimos años han puesto en evidencia las dificultades para que Europa progrese de forma homogénea y competitiva para convertirse realmente en un agente económico y político importante en la economía global.

La necesaria unión bancaria y el reforzamiento de la autoridad común en materia fiscal y presupuestaria son dos de las cuestiones que Europa necesita abordar para asumir ese papel de potencia de primera fila en el orden mundial. La agenda europea de los próximos meses está cargada de retos, entre otros el de clarificar el papel del Banco Central Europeo como supervisor único además de su capacidad para regular con mayor grado de autonomía la vida de los mercados financieros. También tendrá que encontrar una salida el Mecanismo de Resolución Único para afrontar crisis bancarias. Son, en suma, algunas de las tareas de primer nivel que Europa deberá afrontar en el inmediato futuro y sobre las que Alemania tendrá que pronunciarse de forma contundente. Servirán en todo caso para constatar el papel que el nuevo Gobierno alemán quiere desempeñar en Europa.