Lo que sigue sin reflejarse en el PIB

La confirmación por el INE de que el PIB ha decrecido apenas un 0,1% en el segundo trimestre sobre el primero (1,6% sobre el mismo  trimestre del año pasado, cuando en el primer trimestre la caída anual era del 2,0%) ha servido para que algunos portavoces oficiales anticiparan su pronóstico de salida de la recesión para los dos trimestres que siguen, es decir, el tercero y el cuarto, durante los cuales ya se esperan tasas positivas en términos trimestrales para el Producto Interior Bruto.

Con ser una buena noticia, no es cosa de tirar cohetes. Los analistas del sector público basan su moderado optimismo en una mejor recuperación del sector exterior casi de forma exclusiva, ya que en el plano doméstico no es posible encontrar resquicios por los cuales vislumbrar una mejoría ni de la demanda de consumo ni de la inversión. En el caso del consumo privado, la aportación de los millones de turistas que nos han visitado en estos meses centrales del año quizás sea un elemento dinamizador, pero su impacto será limitado en el tiempo.

A la vuelta de las vacaciones nos encontraremos con cifras bastante similares de españoles consumiendo y con niveles de gasto posiblemente decrecientes. No hay más que ver los establecimientos públicos, tanto del sector de la restauración como del comercio, para observar cómo la actitud defensiva de los españoles se mantiene e incluso se ha reactivado en los últimos meses, debido al agotamiento de las expectativas y al castigo del factor tiempo.

Pasan los meses y la situación no cambia lo suficiente, no aparecen nuevas oportunidades de empleo y la contención de los salarios no hace más que reflejarse en las nóminas y en la renta disponible de las familias, cuyos ahorros se están consumiendo de forma inexorable. No hay más que ver estos días la proliferación de ajustes de empleo y las negociaciones de reajustes de personal, incluso en sectores y entidades sanas, que a duras penas pueden contrarrestar los sindicatos porque las empresas no tienen alternativa. De aquí a finales de año, la evolución del empleo será, una vez pasada la euforia temporal del empleo ocasional del turismo, la verdadera piedra de toque para ver en qué medida se hace realidad la recuperación de la economía.

Los atisbos de inversión han podido verse en algunos sectores, básicamente el del automóvil, que trabaja cada vez a mayor ritmo para los mercados exteriores, ya que fuera de España los mercados están en fase de aparente recuperación. Varias plantas de ensamblaje de vehículos han anticipado su retorno a la actividad tras unas vacaciones recortadas. Nadie lo diría, pero es una de las paradojas que nos ofrece la actual fase de recesión española. Incluso alguna empresa ha tenido que montar antes de lo previsto un tercer turno, de noche, para cumplir pedidos.

Pero la inversión privada en el sector del automóvil no basta para dinamizar la economía por sí sola. En especial porque la demanda de inversión está flaqueando de forma muy considerable sobre todo en el sector público. La actividad de obras públicas está prácticamente paralizada y algunos sectores básicos para el bienestar de los ciudadanos, como la sanidad o la educación, siguen plegando velas más que expandiendo la actividad. El sector de la construcción inmobiliaria está más que parado. La disciplina presupuestaria que se ha impuesto a las Autonomías para frenar sus excesos de gasto en el pasado se ha traducido en un importante marasmo de la inversión pública en casi todas sus vertientes. No será fácil levantar cabeza en estas condiciones, aunque la creciente recuperación económica internacional constituye una ilusionante esperanza.