Los Juegos Olímpicos, un estímulo económico

La candidatura olímpica de Madrid se ha situado en cabeza en la carrera por obtener los 32 Juegos Olímpicos, los del año 2020. Para esa fecha habrán transcurrido 28 años de la cita olímpica de Barcelona. Al día de hoy, en la recta final para optar a la celebración de estos nuevos Juegos, cuando apenas restan unas semanas para que los votos en el seno del Comité Olímpico decidan, Madrid tiene las mismas posibilidades que la capital de Japón y aventaje claramente a Estambul, la joya de Turquía.

La decisión última la adoptarán a primeros de septiembre en Buenos Aires los representantes del Comité Olímpico Internacional, que a diferencia del año 1986 (cuando se adoptó la decisión de celebrar los Juegos en Barcelona) no están presididos por un español, Juan Antonio Samaranch, catalán de pura cepa quien logró inclinar por entonces la balanza de los electores a favor de su querida Barcelona y en detrimento de París, que era el dificilísimo rival al que se enfrentó la capital catalana.

Madrid tiene que luchar, 27 años después de aquella histórica sesión del COI celebrada en Lausana en el otoño del año 1986, contra dos adversarios muy diferentes a los que derrotó Barcelona, que hubo de medir sus méritos con los de París como principal oponente, pero también con algunas otras capitales de menor fuste, como Belgrado o la australiana Brisbane. Madrid tiene en esta ocasión dos rivales con atractivo notable, aunque muy diferenciado, con Tokio, capital de la tercera economía del mundo, que lucha por superar la huella de la catástrofe de un terremoto devastador y por superar tres lustros de estancamiento económico, del que intenta salir mediante una estrategia muy agresiva de estímulos monetarios, que han suscitado la expectación de todo el mundo.

Turquía es el primer país árabe que opta con algunas posibilidades a la organización de una Olimpiada, aunque este honor quizás esté reservado en un futuro no muy lejano a alguna de las modernas y riquísimas monarquía del Golfo Pérsico. Turquía ha tenido la mala fortuna de protagonizar, justo en el momento clave en el que se desarrollan los exámenes finales de las candidaturas, una oleada de inestabilidad interna que ha puesto contra las cuerdas al Gobierno renovador de Erdogan pero sobre todo ha colocado al país en las portadas de todos los diarios del mundo, como zona de alta conflictividad y de riesgo para los turistas y visitantes, lo que supondrá un notable impedimento para que su candidatura prospere en las reunión de dentro de tres meses. Los dos rivales de Madrid son posiblemente bastante desiguales, con superioridad teórica de la capital japonesa habida cuenta de su enorme poder económico y organizativo y que ya organizó unos Juegos Olímpicos en el año 1964. Sería, por lo tanto, una ciudad con historial olímpico a sus espaldas, a diferencia de las otras dos.

La economía española no se encuentra en su mejor momento para hacer valer sus éxitos de cara a la cita de Buenos Aires, en donde se van a dirimir los méritos de cada uno de los tres candidatos. España ya no va a entrar en una etapa de floreciente crecimiento económico para cuando se celebre la reunión de septiembre próximo. No hay materialmente tiempo para que el PIB reaccione y para que el optimismo vuelva a ser el santo y seña de la economía española como lo fue años atrás, cuando la candidatura española fue vencida por sucesivamente por Londres y por Río de Janeiro.

Frente a Londres quedamos terceros en la elección desarrollada el año 2005 (París fue segundo) y frente a Río de Janeiro salimos derrotados y quedamos segundos en la elección celebrada el año 2009. Hay que recordar que en aquella votación, la candidatura de Madrid inició las votaciones en primera posición, es decir, en una situación muy parecida a la actual. Han pasado cuatro años y la economía española ha ido para atrás, aunque el esfuerzo económico y financiero para un país como España cuando se trata de organizar unos Juegos Olímpicos no es desmedido, está a la altura de nuestras posibilidades, más que nada porque la mayor parte de las instalaciones ya está en servicio y porque los sistemas de transporte, lo asequible de las distancias y sobre todo el equipamiento hotelero nos otorgan considerables ventajas por acreditada experiencia histórica.

La victoria en esta carrera por organizar los Juegos Olímpicos de dentro de 7 años (los de Río de Janeiro son los próximos, en el año 2016) puede ser un excelente empujón anímico, de imagen y también económico y de inversiones, para un país que está bastante necesitado de recuperar la confianza en sí mismo.