Más desanimados

El ejército de los desanimados aumentó en mayo tras dos prometedores meses durante los cuales se habían producido algunas deserciones en sus filas. Lo dice el último sondeo del CIS, el organismo oficial que mide los estados de ánimo de la población y otras muchas cuestiones que preocupan a la sociedad española.

El giro a peor se produce cuando algunos indicadores económicos reales parecen orientados hacia niveles más tolerables, menos negativos. Parece que la sensación de los ciudadanos, que en algunas etapas recientes era bastante mejor de lo que permitían deducir los datos, es ahora bastante peor, la situación se ha dado la vuelta. De hecho, es bastante mayoritaria la opinión según la cual la economía va a ir a peor en los próximos meses, opinión que comparte el 59,5% de los españoles. Toda esa parafernalia que despliegan las autoridades para transmitir la sensación de que ya hemos tocado suelo no acaba de calar en la población, muy escéptica ante esos cantos de sirena. La mayoría, holgada, piensa que no es así y que todo lo que nos rodea es susceptible de empeorar.

Este estado de ánimo puede ser más o menos acertado, pero indudablemente tiene un profundo calado en la trayectoria de la economía. Los estados de ánimo negativos alimentan la recesión y el papel restrictivo del gasto. La gente que piensa que las cosas van a ir a peor tiende a gastar menos, a ahorrar todo lo que puede y a ponerse a resguardo de cualquier eventualidad. No hay nada más negativo para el crecimiento económico que una sociedad encogida y temerosa, como la española actual. La sensibilidad ante los datos positivos es casi nula, a pesar de que estos destellos de salida de la crisis ofrecen en algunos casos connotaciones prometedoras, más esperanzadoras desde luego que las existentes hace un año.

A la hora de la verdad, el impacto del paro en el entorno de las familias está siendo muy determinante. La permanente lucha de las autoridades españolas por zafarse de las exigencias de mayor austeridad comunitaria en lo que atañe al déficit es otro de los asuntos que impactan muy negativamente en los ciudadanos. La insistencia de Bruselas en más reformas como condición para apoyar a España en la salida de la crisis tiene una lectura también negativa en los ciudadanos, ya que se interpreta como nuevos recortes de gastos que pueden afectar al bolsillo de los ciudadanos y a las economías familiares.

Por si todo estos fuera poco, el horizonte de reforma de las pensiones, que ha desarrollado sus principales mensajes restrictivos a lo largo del mes de mayo, ha terminado por infundir serios temores a los ciudadanos. No es un asunto menor el de la reforma de las pensiones. La pensión pública se ha convertido con el paso del tiempo en un pilar básico de muchas economías familiares, en ocasiones incluso en la única fuente de apoyo económico para la subsistencia de algunas familias, lo que está teniendo importantes repercusiones en muchas familias españolas. La reforma de las pensiones públicas ha extendido un elevado grado de incertidumbre entre muchas familias españolas, que consideraban hasta ahora que la pensión pública era un pilar intocable de las economías familiares.

Sería muy conveniente para la buena marcha de las expectativas económicas y a la postre de la economía real que el Gobierno pusiera coto a las incertidumbres, a la agenda permanentemente abierta de las reformas que nunca terminan. Ese estado de cosas es mortal para la estabilidad económica. El Gobierno debería cerrar cuanto antes, con pacto con los demás partidos o sin él, los numerosos capítulos abiertos que puedan tener impacto en los bolsillos de los ciudadanos y que en estos momentos son fuente permanente de incertidumbre y desasosiego, con las negativas secuelas económicas que estamos viendo.