El martes hablaremos del paro

Hablan maravillas de los datos de paro del mes de mayo recién concluido y dicen que va a ser una especie de cambio de rumbo en el mercado laboral español. Naturalmente, quienes así argumentan son del Gobierno y cuentan con informaciones de avance, provisionales, es decir, saben de antemano lo que los demás mortales seguidores de la economía no podemos conocer. Por lo tanto, si desde diversas esferas se ha anticipado que las cifras de paro registrado de mayo van a dar una alegría sustancial, será verdad, habrá que creerlo. Sobre todo habrá que esperar a que el martes se den a conocer las cifras oficiales para constatar si un análisis algo detallado de las cifras y sus componentes permiten extraer alguna conclusión adicional.

La primera comparación de la cifra de mayo que se dará a conocer mañana martes es con la del mes de mayo de 2012 (descenso del número de parados en 30.100 personas), que ha sido la más baja de los últimos años. En mayo del año 2011, el paro bajó en 79.700 personas y en mayo del año 2010 el descenso superó los 76.200 ciudadanos menos en las listas de parados. Resulta ilustrativo observar estas cifras ya que en plena recesión y con el paro creciendo casi sin cesar, el dato oficial de desempleo es capaz de bajar en cerca de 80.000 personas mensuales de forma puntual, como sucedió en mayo del año 2011.

La cifra de este próximo martes habrá que situarla por ello en su contexto. Para formular una primera valoración positiva habría que pensar en cifras de descenso del desempleo no inferiores a los 80.000 parados. Otra cosa, una cifra que no estuviera por encima de este nivel, no sería susceptible de legítima satisfacción ni daría pie por supuesto para hablar de un giro radical en la evolución del mercado de trabajo. El desempleo en España, las estadísticas de evolución del paro, tienen un componente estacional muy elevado debido a la tremenda influencia que ejercen las actividades ligadas al turismo y a las labores agrícolas. Mayo suele ser el mes en el que confluyen diversas circunstancias favorables a la contratación. Conviene por lo tanto no echar las campanas al vuelo antes de que lleguen los meses de otoño, cuando suelen aparecer las rebajas y las cosas retornan a la normalidad, permitiendo una adecuada corrección de la temporalidad.

La reacción alcista del empleo será, por ello, creíble cuando se presenten otros rasgos positivos en el mercado de trabajo. Por ejemplo, un crecimiento importante en las incorporaciones a la Seguridad Social, ya que las altas en el sistema vaticinan mejores resultados a la largo en el mercado de trabajo real. También son susceptibles de valoración positiva de cara al empleo las cifras que reflejan las ventas de coches y otros bienes de consumo duradero así como las que se refieren a la actividad comercial.

Por desgracia, estas actividades han presentado resultados bastante dispares en los últimos meses, sobre todo en lo que atañe a las ventas al por menor. La actividad del consumo privado no permite de momento abrigar muchas esperanzas. La aportación de la demanda interna al PIB en el primer trimestre del año sigue en negativo, unos 2,6 puntos porcentuales del PIB, aunque esta aportación ha caído bastante menos que en el trimestre anterior. El PIB bajó un 0,5% en el primer trimestre, es decir, un 2,1% en términos anuales, cuando la comparación de hace con el mismo periodo del pasado año. Siete trimestres consecutivos de caída del PIB son los que ha padecido la economía española, hasta caer un 7% en el conjunto del periodo. Si después de estas cifras el mercado de trabajo ha llegado a una situación de agotamiento en su ritmo de descenso, no sería de extrañar.

El paro posiblemente se ha movido en zonas de difícil empeoramiento durante estos últimos meses. En estos momentos, la remuneración por asalariado acumula 16 trimestres consecutivos de descenso trimestral tras las fuertes elevaciones, superiores al 5% de media, en los años 2006 y anteriores, aumentos fuera de toda lógica, que hemos estado purgando en estos últimos tres años. Las bases para el aumento del empleo, a falta de cimientos sólidos como la fluidez de la financiación y la inseguridad regulatoria, no parecen aún sólidas. Pero habrá que esperar a ver las cifras de mayo para indagar en sus entrañas si existen realmente motivos para el optimismo.