Pensiones, hora de urgencias

Los expertos designados para proponer reformas en el sistema público de pensiones han avanzado una primera conclusión: hay que darse prisa. La reforma no admite demoras ni el gradualismo que se pretendía aplicar en un principio, para evitar presuntos traumas a la sociedad, tiene ya sentido. El mayor trauma hay que afrontarlo cuanto antes: las pensiones no están ni mucho menos aseguradas, ni para los ya jubilados, ni para los que se van a jubilar en los próximos años.

El problema es muy serio y ocupará la agenda social y política en los próximos meses, pero las cifras se imponen. Hay algunos estudios circulando en estos momentos por las mesas de quienes se ocupan de anticipar el ajuste que se nos viene encima que anticipan la necesidad de afrontar un recorte en las prestaciones de cuantía muy considerable. Se habla incluso de un 40%. Hay que ponerse en situación para comprender lo que esto significará para muchos españoles y para el conjunto de la economía, ya que una reducción de rentas que afecte a más 9 millones de españoles no puede pasar inadvertida y tendrá por lo tanto un impacto serio en el conjunto de la economía. Por supuesto, a nivel de las economías domésticas el golpe puede ser tremendo.

Causa asombro la irresponsabilidad con la que la sociedad española en general y los dirigentes políticos en particular (culpables de no haber explicado la realidad de las cosas e incluso de haber planteado objetivos utópicos, generalmente cuando están en la oposición) han afrontado en estos últimos tiempos debates como el de la actualización de las pensiones para ajustar sus aumentos a los del IPC. Este debate se ha saldado, como es sabido, con la congelación en los dos últimos años del aumento de las pensiones percibidas.

A pesar de esa congelación, y debido al efecto dinámico de la edad de los pensionistas que llegan y los que fallecen (un pensionista recién llegado cobra una pensión mucho más elevada que uno que fallece, ya que han generado sus pensiones en épocas en las que los salarios han sido muy diferentes) la pensión media ha aumentado en los 10 últimos años en torno a un 50%. Mirando al futuro, el tiempo que va a estar cobrando su pensión un español hoy en día ronda los 18 años, pero la mejora de la esperanza de vida irá aumentando esa cifra en el futuro, hasta los 20 años, lo que tiene un considerable impacto en la situación financiera del sistema. Es por ello por lo que el gasto total en pensiones ha aumentado en más de un 40% en los 10 últimos años. Los expertos echan cuentas y llegan a la conclusión de que a estas alturas y con estas variables proyectadas en el tiempo, el sistema va derecho al precipicio, que es insostenible.

Discutir a estas alturas si hay que revalorizar las pensiones con arreglo al IPC o no es una broma, cuando lo que está en juego es la supervivencia misma del sistema, que no se ha preocupado de prever (cosa bastante fácil, según el manejo de la metodología de los actuarios y analistas demógrafos) la deriva hacia la que camina el sistema desde hace unos años, una deriva que se ha intensificado gravemente como consecuencia del aumento de la tasa de paro y la destrucción de cientos de miles de empleos, que han ido recortando el potencial de recaudación de la Seguridad Social. Esta ingreso en la actualidad sólo un 20% más que hace diez años. Naturalmente, las cuentas no salen y habrá que decírselo a los españoles cuanto antes. Que los expertos pongan sobre la mesa la terrible realidad y la necesidad urgente de adoptar medidas correctoras ya mismo es lo menos que se podría esperar de ellos. Ahora es la clase política la que tendrá que moverse en consecuencia. Y las expectativas no son nada fáciles.