Sáenz se va. Primer acto

La marcha voluntaria de Alfredo Sáenz permite un respiro de alivio a muchas personas y algunas instituciones, el Banco de España en lo más inmediato, ya que previsiblemente cerrará casi sin abrir el expediente por el cual iba a pronunciarse sobre si Alfredo Sáenz podría seguir al frente del Santander como vicepresidente y consejero delegado tras la nueva disposición a la medida realizada por el Gobierno para soslayar el polémico asunto de la honorabilidad bancaria. A los banqueros se les exigía antes no tener antecedentes penales. Ahora ya no, lo que abría las puertas a la continuidad de Sáenz en sus cargos directivos, si bien una decisión de este porte tenía todos los visos de incomodidad para quienes debían tomarla. Sáenz, con buen sentido, ha optado por quitarse de en medio. Un gesto que le honra y que por sí sólo es una decisión honorable. Quizás sea, además, el primer acto de una operación más amplia, elegir a la cúpula directiva del Santander para los próximos años.

Hay que recordar que Zapatero indultó (fue su última decisión, tras perder las elecciones generales ante Rajoy) a Sáenz del cumplimiento de la pena por la que había sido condenado el banquero a causa de su conducta en la época en la que presidía el Banesto. Sáenz aplicó un celo excesivo en la persecución de unos empresarios catalanes que tenían deudas no pagadas con Banesto. El proceso iniciado entonces lo ha perdido Sáenz en diversos tribunales de Justicia. La pena final se hizo firme, pero Zapatero le indultó.

Sin embargo, el indulto llegó acompañado de una especie de sobredosis exculpatoria: no sólo se le indultaba sino que se le borraban sus antecedentes del registro correspondiente. Al borrar estos antecedentes, Sáenz podía seguir dirigiendo el banco. Con indulto y con antecedentes, Sáenz habría tenido que irse por incumplir lo de la honorabilidad exigible a los banqueros. El Supremo dijo que lo del insulto de Zapatero era correcto, ajustado a derecho, pero que lo antecedentes no los podía borrar el Gobierno, de modo que rechazó esta pretensión y en consecuencia Sáenz vivía desde entonces en una situación anómala, sólo prolongable a causa de los recursos interpuestos. Y, sobre todo, para ver la efectividad de la nueva legislación que el Gobierno del PP ha sacado para permitir que los banqueros puedan serlo aún con antecedentes penales. El asunto estaba ahora en manos del Banco de España, que finalmente no tendrá que opinar porque Sáenz se ha quitado de la circulación a sus 71 años, dejando abiertas las hipótesis más diversas sobre la sucesión en el Santander, el poderoso grupo bancario que no debería tardar mucho en clarificar quién será su verdadera cabecera.

Botín ha logrado en todo este proceso influir de forma decisiva en la elaboración de disposiciones legales (tanto por parte del Gobierno socialista como del popular), ha conseguido también condicionar la aplicación de algunas leyes. Pero el partido acaba de terminar sin lanzamiento de penaltis, de modo que no sabremos nunca quien ha sido el vencedor, a pesar de las sucesivas prórrogas. Ha sido en todo caso un pulso que ofrece muchos motivos de reflexión.

Ahora se empieza a escribir el futuro en el Santander, ya que está pasando con Botín algo parecido a lo que contestaba un banquero español hace unos cuantos años, cuando debido a su avanzada edad le urgían para que nombrara un delfín. A lo que contestó con aquella célebre pregunta: ¿Y si se me muere el delfín? Botín se ha quedado sin delfín, aunque a sus 71 años Sáenz no era precisamente una persona con perfil propio del delfinato, más bien habría sido, si es que no se desarrollaban las cosas de otro modo, un líder de transición en el Santander.

Lo cierto es que ni Sáenz ni Botín son dos chavales, tienen ya sus años y a la vista una retirada que quizás ahora experimente alguna aceleración. El elegido para suceder a Sáenz es Javier Martín, 46 años de edad, un joven ejecutivo al que Botín le ha ido dando responsabilidades crecientes y que ha trabajado bastantes años a la sombra del veterano banquero. De ahí a pensar que es el auténtico y definitivo heredero del poder hay un abismo. Está la siempre presente opción de Ana Patricia, la hija banquera de Botín, que desde Londres sigue atenta el desarrollo de los acontecimientos.

Coincidiendo con este relevo, en el Consejo del Santander se han producido algunos cambios que habría que calibrar, entre ellos la entrada de Juan Miguel Villar Mir, veterano como Botín pero con sagacidad estratégica considerable, quizás el empresario español que más ha triunfado en los años de la crisis, sobre todo fuera de España. El fichaje de Villar Mir es muy relevante y no va a calentar el sillón. Hay algunos otros movimientos en el Consejo, una de cuyas decisiones futuras más relevantes será la de elegir al sucesor de Botín, tarea bastante compleja.