Y sin embargo sube

Este martes ha sido el segundo día en los diez últimos días hábiles de Bolsa en el que el Ibex 35 ha subido de golpe un 3%. Desde la anterior subida del 3%, la prima de riesgo ha bajado cerca de 50 puntos básicos, de forma que este martes se ha quedado al borde de los 300 puntos básicos. El tipo a largo plazo, 10 años, ha bajado por debajo de forma sustancial hasta quedarse en el 4,30%. Estos datos indican que en los mercados hay ambiente positivo, tendencia compradora, que normalmente debería ser un reflejo de que las cosas pueden ir a mejor.

Pero todo esto no quiere decir que vayan bien ni siquiera que existan garantías manifiestas de mejoría. Estos días nos hemos tenido que desayunar con algunos quebrantos considerables. Que el PIB bajará este año posiblemente más del 1%, que el déficit publico se acercará más al 7% que al 4,5% previsto, que estamos de nuevo pidiendo en Bruselas indulgencia para nuestros despropósitos y que en el mercado de trabajo no hay síntomas claros de mejora, como previsiblemente se encargará de poner de manifiesto la Encuesta de Población Activa del primer trimestre del año, cuya publicación está prevista para este jueves.

Luego, el viernes llegará el programa de reformas del Gobierno con el que Rajoy espera aplacar la preocupación de Bruselas, aunque Rajoy ya ha dicho que no quiere subir ni el IVA ni el IRPF, aunque ya se sabe que cuando Rajoy no quiere hacer algo, acaba haciéndolo contra su voluntad, según la experiencia adquirida a lo largo de su año y medio de mandato. La derivación de las reformas que presentará el Gobierno el viernes puede ser conflictiva, ya que lo que es seguro es que el Gobierno afrontará nuevos recortes de gastos, lo que afectará a algún colectivo, alguno nuevo que sumar a la larga lista de agraviados que hacen cola ante las ventanillas del Estado y del Gobierno.

En suma, todo invita a tomar las cosas con precaución y con un sesgo más bien pesimista y estoico. La agencia Moody’s ha dicho estos días que cabe la posibilidad de una rebaja de nuestra calificación, ya que ni el PIB ha evolucionado hasta la fecha como se había pronosticado hace unos meses ni la lucha contra el déficit público está dando los resultados deseados, sino que es un permanente desvío sobre la senda que nos vienen marcando desde Bruselas desde hace tres o cuatro años, con Zapatero en el Gobierno primero y más recientemente con Rajoy. Las cifras del déficit, en bruto, son tremendas, un 10,6% del PIB, la cifra más alta de la Unión Europea este año, por mucho que su gravedad quede teñida clon un manto de comprensión, ya que parte de dicho déficit corresponde al dinero que ha enviado Bruselas para apuntalar el segmento de las cajas de ahorros, por donde se le ha ido la credibilidad al sector financiero español en estos últimos años.

Que en estas condiciones el Ibex suba de golpe un 3% largo y que la prima de riesgo se ajuste a la baja, hasta niveles de hace algo más de dos años, es cosa poco comprensible, pero que debería ser motivo de satisfacción. Algo les queda a los inversores de esperanza en las posibilidades de regeneración de la economía española. Fuera confían más en nosotros que nosotros mismos. Es un consuelo. Entre otras cosas es necesario valorar el hecho de que los mercados no siempre son una resultante de lo que sucede en la economía sino que a veces se enfrascan en liderar los cambios de la realidad. Que se lo pregunten a los responsables financieros del Tesoro, que con tanto optimismo de estas últimas semanas no hacen más que ahorrarse gastos financieros para abaratar la financiación del déficit.