Europa después de la batalla

Los datos y las condiciones del “rescate” chipriota conocidos durante el largo fin de semana no permiten albergar grandes expectativas para la reapertura de los mercados el martes de esta semana, ya que el lunes es festivo en buena parte de los países europeos, con el Ibex 35 también cerrado. La sensación más generalizada, en todo caso, es que esta crisis y en especial la forma en la que ha sido resuelta no van a contribuir ni a crear una doctrina pionera en la solución de percances económicos nacionales ni parece tampoco que vaya a ser capaz de dotar de más cohesión a la zona euro y reforzar la confianza colectiva en la moneda común.

Ha sido tal el desbarajuste en medio del cual se han gestado las propuestas de solución y, además, ha sido tan polémico el diagnóstico final, que será difícil esperar un aumento de la respetabilidad de la UE como organización tanto en el interior como de cara al resto del mundo. La requisa pura y simple de depósitos bancarios es uno de los despropósitos más alejados de la ortodoxia económica que se hayan visto nunca y que es de esperar no se lleguen a contemplar con frecuencia en el futuro de la UE. La mera enunciación de esta vía, sobre todo la insinuación de que podía ser extensible a otros casos, ha provocado una nueva fragmentación del mercado financiero europeo, haciendo que cunda una incertidumbre y una desconfianza que en nada contribuyen a solidificar la calidad del espacio económico común que se quiere desarrollar y fortalecer en torno al euro.

Europa ha dejado, con esta crisis, de ser fiable para el resto del mundo, según una sensación bastante extendida entre expertos y analistas del otro lado del Atlántico, aunque también es un sentimiento extendido en el seno de la propia Eurozona. No han funcionado las instituciones comunes, ya de por sí poco desarrolladas, sino que el fiel de la balanza en la toma de decisiones se ha situado siempre del mismo lado, la voluntad de Alemania. Este país está actuando en la actualidad sin contrapeso dentro de la UE. Parece como si las próximas elecciones legislativas y el interés del partido gobernante de Angela Merkel, necesitado de credibilidad interior por encima de todo, fueran los principales bastiones de la autoridad comunitaria. Casi todo parece en estos momentos condicionado a que Merkel logre un buen resultado electoral en su propio país. Y esa exigencia es la que está marcando la dureza o la flexibilidad de la UE ante los diversos desafíos que debe afrontar en estos momentos.

La falta de contrapesos y de mecanismos que exijan un cierto grado de consenso en el conjunto de la UE a la hora de tomar decisiones que afectan a toda el área es un serio problema que, además, no tiene una solución fácil ni inmediata. Francia e Italia se encuentran en una posición sumamente débil en lo político, la de Italia por razones obvias, ya que ni siquiera tiene Gobierno ni expectativas de disponer de él en un plazo razonable, antes del verano por decir algo. Tampoco España puede participar en el cenáculo de las decisiones importantes por razones bien fáciles de comprender, ya que hemos sido, y seguimos siendo, uno de los alumnos más indisciplinados de las leyes económicas de la UE. Para cuando queramos recuperar la credibilidad, es de suponer que las convulsiones actuales hayan quedado superadas.

De momento, Italia está gobernada, como lo ha estado en los últimos meses, aunque ahora con un grado de provisionalidad mucho mayor que antes de las recientes elecciones, por un emisario de Merkel. Y menos mal, porque de haberse prolongado el Gobierno anterior de Berlusconi daría pavor pensar en las consecuencias. En cuanto a Francia, su situación política es tan endeble que se empieza a hablar de un eventual regreso de Sarkozy a la primera fila de la arena política, con expectativas de retorno al Elíseo. Desde el punto de vista económico, Francia se ha perdido en la bruma de las propuestas idealistas y no ha sido capaz de liderar una opción propia que hubiera podido servir de contrapeso a Alemania. Francia parece ahora mismo más un gregario poco disciplinado que un socio de fiar y los alemanes parecen haberle perdido el respeto. Queda, claro está,. Gran Bretaña, pero la suya es otra batalla.