Chipre y España, no tan distantes

Nada, o casi nada, de lo que es y ha sido Chipre en el pasado reciente tiene mucho que ver con las economías desarrolladas del Continente de Europa. Ni siquiera un asunto tan relevante como es el tamaño de la economía puede ser comparable. Es por este motivo bastante sorprendente que el novicio jefe del Eurogrupo, cuyo apellido apenas nos hemos acostumbrado a leer (mucho menos a escribir y para nada a pronunciar), se haya soltado el pelo esta mañana diciendo que el rescate de Chipre ofrece un modelo a seguir en el futuro para otros rescates que se hagan necesarios en la UE. La declaración, ni desmentida ni matizada por autoridad alguna de la UE, ha puesto los pelos de punta a muchos expertos y analistas, también políticos y, cómo no, a muchos ciudadanos de a pié de países como España o Italia, sin olvidar a Irlanda, Portugal o Grecia. Alguno se habrá preguntado si los chipriotas no son unos privilegiados al lado de los pobres inversores españoles que hoy mismo han visto desfilar el precio de Bankia hasta el fondo del abismo, con una depreciación de más del 40% en apenas unas horas y del 99,8% en relación al precio al que compraron sus acciones cuando salieron a Bolsa, no hace muchos meses…

El modelo chipriota de rescate se ha traducido en un escalofriante acto de incautación de depósitos bancarios en la banca de este país, que ha afectado a un elevado número de clientes del sector financiero, buen número de ellos extranjeros, que tienen depositados elevados importes, de 100.000 euros en adelante, ya que después de darle muchas vueltas al asunto, las partes implicadas en la solución han decidido no vulnerar el casi sagrado principio de seguridad de los depósitos por debajo de esa cifra debido a que este umbral es el que garantiza a todos los ciudadanos europeos la integridad de sus depósitos.

La descarnada profecía de Jeroen Dijsselbloem, sucesor de aquel señor luxemburgués de exquisitos modales llamado Jean-Claude Juncker, quien ocupó el cargo de jefe del Eurogrupo hasta hace unos pocos meses, no sirve para tranquilizar a los inversores europeos ni mucho menos a los depositantes bancarios de algunos países en riesgo de ser recatados por la Unión Europea, como método quizás necesario en algunos casos para facilitar la estabilidad económica y garantizar la permanencia en el euro. Es natural que países como España hayan sido pasto inmediato de las mayores suspicacias.

Pero, sin llegar a especular sobre el futuro o sobre si la fórmula chipriota va a ser o n o aplicable a España, hay que recordar que el mismo día y casi a la misma hora en la que Dijsselbloem pronunciaba su crudo vaticinio, los 400.000 inversores españoles que tienen acciones de Bankia en su bolsillo han visto mermar hasta la simbólica cifra de 0,01 euros el valor de sus acciones, en muchos casos compradas a 3,75 euros cada una en el curso de la fase de colocación bursátil de la entidad. Igual lo similar suerte correrán los accionistas, en algunos casos residuales, de otras entidades como NovaGalicia, Catalunya Caixa, Banco de Valencia y otros. También entran en el circuito español de las pérdidas masivas los propietarios de títulos pomposamente llamados “preferentes” y otros similares, cuya pérdida de valor superará a la mayor parte de los damnificados de la banca chipriota.

Las pérdidas en que han incurrido los inversores españoles por los desembolsos que han realizado en estas operaciones superarán los 40.000 millones de euros, cifra muy superior a los 6.000 millones que, aún sin determinar con precisión, van a tener que poner en la caja común de la crisis chipriota los paganos de este desastre. Con la particularidad, en contra de los intereses españoles, de que ni los accionistas de los bancos españoles nacionalizados ni los propietarios de las acciones preferentes o de los títulos subordinados han contado con mecanismos de protección, como el del aseguramiento de los primeros 100.000 euros en depósitos o bonos bancarios. Pensándolo bien, los bolsillos de los españoles, algunos ciertamente humildes, han salido peor parados en la crisis bancaria española de lo que van a salir los ciudadanos chipriotas obligados ahora a poner dinero para sacar al país a flote.