La exportación ya no es lo que era

Los agravios comparativos en la economía española se han agudizado con la crisis, en especial en la exportación. La sana competencia está provocando subidas y bajadas en la clasificación de los sectores y actividades preferidos no sólo por los consumidores españoles sino por los compradores extranjeros de bienes y servicios producidos en España.

En los últimos años, el sector del automóvil ha ocupado por lo general el liderazgo de las ventas al exterior. Desde principios del año 2012, un importante sector, que había dejado atrás sus días de gloria cuando España no era potencia industrial sino huerto de Europa, el alimenticio, le ha quitado la primera plaza, de forma que la suma de aceites, agrios, vinos, conservas, frutas y hortalizas de todo tipo, han tomado la cabeza relegando a una condición de segundón al sector del automóvil. El mundo entero recibe productos españoles con los que se alimentan millones de ciudadanos, en especial en Europa, gracias al fuerte crecimiento de este sector, que puede colocar a España como uno de los mayores exportadores del mundo de productos de la tierra, desplazando a países que nos llevaban tradicionalmente la delantera, como Italia, aunque muchas veces hemos tenido la sensación de que la producción agrícola española estaba engordando el potencial exportador de algunos países vecinos, que apenas le ponían la etiqueta a productos que habían adquirido previamente, y a granel, en España, caso por ejemplo del aceite de oliva o del vino, por citar solamente dos casos bien conocidos de suplantación.

Otra actividad genuinamente española que no atraviesa buenos momentos en los últimos meses es la turística, proveedora de un servicio muy apreciado entre los extranjeros, el del ocio y el descanso en nuestra formidable red de hoteles, pero que en los últimos meses está padeciendo algunos problemas de demanda por parte de los nacionales habida cuenta de la caída tremenda de la renta disponible de las familias españolas y del incremento del paro. De cara a la Semana Santa, el sector turístico ha alertado del bajón tremendo que están experimentando las reservas de plazas en los hoteles españoles, un 25% menos en lo que atañe al turismo interior. El extranjero sigue más o menos bien, incluso con ligera tendencia al alza. Pero el turismo español no funciona. No es casual que en los últimos meses hayamos visto incluso quiebras de algunas empresas importantes del sector como consecuencia de la debilidad de la demanda española. Los precios de los hoteles españoles han bajado de forma considerable en los últimos años, lo que ha convertido a esta industria en una de las más competitivas del mundo en la relación calidad-precio.

El turismo aporta cada año más de 50.000 millones de euros de ingresos a la economía española. El sector del automóvil y el sector alimentario no le andarán muy lejos. Pero los agravios están aflorando. Dicen los empresarios turísticos que el Gobierno tiene bien engrasada la maquinaria de aplicar subvenciones e incentivos al sector del automóvil, cuyas quejas han sido bien escuchadas, posiblemente con razón, ya que la actividad exportadora de la industria española del motor representa más del 15% del total y un 87% de los coches fabricados en el país son vendidos en mercados exteriores. La industria del automóvil es ahora mismo la que tiene un mayor volumen de inversiones comprometidas de cara a los próximos años, lo que asegura el flujo exportador a medio plazo. Para fomentar la venta de coches en el mercado doméstico, el Gobierno ha destinado una partida presupuestaria adicional de 190 millones de euros para impulsar el plan PIVE.

Pero los empresarios turísticos también reclaman un poco de atención de los poderes públicos. La crisis de la Seguridad Social en materia de gastos, forzada por la austeridad presupuestaria y por el delicado equilibrio del sistema, ha recortado este año de forma drástica los gastos del Inserso, lo que ha privado al sector turístico español de una interesante fuente de ingresos, que contribuía a rellenar los hoteles en las épocas de menor afluencia y temporada baja. El caos de los costes aeroportuarios, cuyos precios se han disparado, es otro de los inconvenientes de los que se están quejando amargamente los empresarios de la actividad turística, que además han visto cómo las campañas de promoción del sector, tanto a nivel nacional como autonómico, han entrado en fase de estrechez.