Europa y los salarios bancarios

Las diversas instancias comunitarias implicadas en la elaboración de leyes han alcanzado un acuerdo para limitar los bonus que pagan las entidades financieras a sus directivos. Según el acuerdo al que han llegado, los pagos de tipo variable no podrán superar a los salarios fijos. Se deja una puerta abierta para premiar a algunos directivos que se lo hayan merecido de forma especial, aunque en ese caso el aumento del bonus no podrá superar en dos veces al salario fijo, pero con la condición de que este sobresueldo sea aprobado por la Junta de Accionistas. El acuerdo responde a una demanda bastante generalizada, consecuencia de la acusación colectiva que se hace al sector bancario por la crisis del sector y de la economía en general y debido también a las masivas ayudas estatales que han precisado numerosos bancos en la UE, dirigidos por directivos pagados a precio de oro.

Una de las consecuencias no deseadas de esta regulación posiblemente sea el aumento generalizado de los salarios fijos de los directivos bancarios, la única forma de conseguir que el bonus variable adquiera una dimensión más sustanciosa. No se han fijado límites de ningún tipo a los salarios fijos, posiblemente con buen sentido, ya que ello implicaría entrar en un intervencionismo carente de sentido en una sociedad competitiva en la que es comprensible que se premie el éxito. En todo caso, el establecimiento de estas normas limitativas sólo para el sector financiero podría resultar discriminatorio, al dejar fuera del ámbito de disciplina salarial a las empresas de los demás sectores, algunas de las cuales tienen una estrecha dependencia del sector público y del dinero de los contribuyentes, lo que no siempre sucede con las entidades bancarias.

La medida era esperada desde hace tiempo aunque, como ha dicho algún banquero estos días, llega demasiado tarde. Ese banquero, que no es español, lo habría dicho con mayor fundamento si hubiera conocido el caso español, en donde el asunto de los salarios de los directivos bancarios ha tenido en estos últimos años un desarrollo tan peculiar que se resiste a las comparaciones. En principio, los bonus y paga de incentivos ligados a los resultados de la entidad financiera, deberían ser inconcebibles en circunstancias como las que se han dado en numerosas entidades financieras españolas.

En nuestro caso, los pagos que se han adjudicado algunos gestores bancarios (situados ya a estas alturas fuera de las entidades) han sido de auténtico escándalo, con dos particularidades: afectan por lo general a entidades financieras (casi siempre cajas de ahorros) que han caído en la insolvencia por no hablar de la quiebra y además han sido atribuidas a directivos sin contar con el respaldo de los órganos de representación accionarial, el más importante de los cuales es la Junta de Accionistas. En algunos casos, las remuneraciones se han fijado sin que ni siquiera se hayan enterado algunos de los órganos de control de gestión de las propias entidades. Y casi siempre a espaldas del Banco de España.

Quizás la proliferación de este tipo de remuneraciones en el sector financiero español ha sido posible por la peculiar estructura societaria de las cajas de ahorros, aunque hay algunas – La Caixa, sin ir más lejos – en donde este tipo de excesos no se ha producido. Además, de estar vigente la normativa que ahora impulsa la Unión Europea, posiblemente no se habrían evitado ni los salarios (con bonus adicional) de los directivos que se han embolsado millones de euros al margen de cualquier baremo que relacione los resultados de la entidad con la remuneración de sus directivos. La crisis bancaria que ha asolado al sector financiero español en estos últimos años ha sido posible en buena medida por la falta de mecanismos representativos y transparentes para controlar la gestión en la gran mayoría de las cajas de ahorros, una de cuyas consecuencias ha sido la fijación de salarios fuera de toda lógica de mercado y sin control ni transparencia alguna.