Banca, la reconversión continúa

La cura de adelgazamiento del sector bancario español cubrirá este año una nueva etapa con el desenlace de los procesos de ajuste, tanto los derivados de los acuerdos con las autoridades de Bruselas que han impuesto estrictas condiciones de reducción de tamaño a las entidades necesitadas de capital como los que están afrontando de forma voluntaria las entidades involucradas en procesos de fusión y las que de forma también voluntaria están acometiendo los bancos sanos. Las motivaciones de este ajuste son varias y han coincidido en el tiempo: crisis de un elevado número de bancos y cajas, fuerte disminución de la actividad económica y por lo tanto bancaria y, por último, aceleración del cambio tecnológico y de implantación de los nuevos hábitos de la sociedad española, que permite una sustitución cada vez más completa de la mayor parte de la operativa bancaria por el empleo masivo de las nuevas tecnologías.

A lo largo de la crisis, el empleo en el sector bancario se ha visto reducido en torno a un 20%, unos 50.000 puestos de trabajo desaparecidos. Este año, la reducción de empleo podría llegar a los 12.000 empleados, de los cuales Bankia por sí sola recortará unos 4.500 y CaixaBank otros 3.000, a los que hay que sumar los que se deriven de las dos fusiones bancarias que protagoniza el Santander (con la absorción de Banif y sobre todo del Banesto) y los ajustes que tienen en marcha algunas cajas en proceso de reorganización, como la gallega NCG, la caja leonesa o CatalunyaCaixa, además de otros protagonistas menores. A finales de este año, el empleo en el sector bancario podría haberse quedado en unas 220.000 personas frente a las 270.000 que trabajaban en las entidades bancarias al principio de la crisis, allá por el año 2008. Pocos sectores de la economía habrán experimentado un ajuste tan brutal, aunque hay quienes vaticinan que el proceso va a continuar, incluso acelerado y haya o no crisis económica general.

En paralelo con la caída del empleo, España está dejando de ser el paraíso de las oficinas bancarias, cada vez más lejos de aquellas 46.000 sucursales que llegaron a poblar el país en los años gloriosos del 2007 y 2008, cuando las oficinas bancarias echaban humo de lo activas que estaban, concediendo todo tipo de créditos. Ya entonces se decían algunas cosas que presagiaban el panorama futuro, como el creciente papel de la banca electrónica primero (cajeros) y online a renglón seguido (banca a través del ordenador doméstico), dos procesos que se han ido acumulando para reducir al mínimo el papel de las oficinas físicas, cada vez menos visitadas y más prescindibles.

La nueva tecnología ha hecho inservible una buena parte de la infraestructura del sector, la más convencional y la que ocupaba a más personas. Aún así, estudios reciente aseguran que el grado de concentración del negocio era y sigue siendo bastante elevado, ya que un porcentaje muy alto de la actividad se concentra en un reducido grupo de oficinas, dejando al resto en condiciones de productividad muy precaria. No en vano España ha sido tradicionalmente el país con mayor número de oficinas bancarias, incluso con más sucursales que países bastante más desarrollados que el nuestro.

El sector financiero saldrá por lo tanto bastante reinventado de esta crisis ya que la demanda de los particulares ha provocado un cambio en la forma de prestar el servicio bancario, que parece abocado a vivir en permanente reconversión durante los próximos años dada la acelerada evolución de la tecnología aplicada al negocio financiero. El grado de concentración de los bancos, como vaticinan muchos analistas, vendrá además forzado por las exigentes inversiones que se están poniendo en marcha para atender las nuevas demandas de la clientela.