Inglaterra deja el pedestal

Desde hace varios meses, las agencias de calificación vienen anunciando la posibilidad de que la calificación de riesgo de Gran Bretaña necesitaba un ajuste a la baja desde su exagerada valoración de triple A. La agencia Fitch ha sido la más insistente en anunciar este paso, aunque ha sido Moody’s la que finalmente ha tomado la decisión de anticiparse. Es casi seguro que Standard & Poor’s y la mencionada Fitch Rebajen la calificación en las próximas semanas, tal y como dan por descontado los principales analistas de los mercados. De este modo, los “tres magníficos” del mundo desarrollado quedan de momento reducidos a dos, Alemania y Canadá, los únicos entre los grandes cuya situación económica y financiera merece el más alto grado de confianza. Los dos países tienen la máxima calificación de las tres agencias de análisis de riesgo.

La deuda pública de Gran Bretaña ronda el 90% del PIB, porcentaje bastante similar al de Francia y al de Alemania, aunque de los tres el crecimiento británico ha sido el más rápido si bien en los últimos trimestres Francia está tomando la delantera. Cada uno de estos países ha experimentado un crecimiento del orden de 15 puntos del PIB en su deuda pública como consecuencia del impacto de la crisis económica. Londres no ha logrado blindarse en la medida suficiente frente a las bajas calificaciones de las agencias a pesar del importante peso que tiene en el sector financiero mundial.

España está todavía algo por debajo del nivel de estas tres grandes economías europeas pero es previsible que en el año 2013 nos elevemos por encima de este grupo, para acercarnos al nivel italiano (120%) aunque sin alcanzarlo. España es la economía de la Eurozona, entre las cuatro grandes, que más ha sufrido el aumento de la deuda debido a que el desequilibrio presupuestario se ha deteriorado con mayor rapidez que en otras economías de la zona. Parte de su desequilibrio se ha intensificado por culpa de los costes financieros con que los mercados han castigado a España, a diferencia de otras economías, en donde los costes de financiación son bastante más asequibles. De no haber sido por su alta reputación como centro financiero mundial, Londres debería haber perdido la máxima calificación hace ya bastante tiempo.

La decisión de una de las tres agencias y el probable recorte de la calificación por parte de las otras dos grandes pone de relieve las dificultades del Banco de Inglaterra (que estrena estos días nuevo gobernador) y del Gobierno de Londres de frenar la expansión del déficit en una economía más debilitada de lo que se esperaba. En paralelo a la rebaja de la calificación, Gran Bretaña ha experimentado un movimiento bajista de la libra esterlina frete al dólar y frente al euro. Este hecho va a permitir paliar en buena medida el impacto negativo de la rebaja de calificación, ya que estimulará la agresividad competitiva de sus exportaciones industriales y dará paso a un escenario más favorable al crecimiento de la actividad económica. El contrapunto a todo ello será un probable aumento de las tasas de inflación, cuestión que las autoridades británicas y el propio Banco de Inglaterra tenían asumida desde hace meses.

Ahora, si se produce una rebaja de calificaciones en tropel, la aceleración de los precios puede ser bastante más aguda. Será interesante observar cómo un país europeo que no tiene sobre su cabeza la amenaza disciplinaria de una moneda común puede gestionar una situación como la actual, usando con absoluta libertad el grado de liquidez de la economía y de forma indirecta el nivel de su divisa frente a las demás. Los ingleses estaban encantados con permanecer al margen de la UE y en especial de la Eurozona, con una divisa propia y con márgenes de libertad muy elevados a la hora de manejar su economía. En la práctica, disfrutar de mayor libertad que países como España, que en el pasado utilizaron los mismos procedimientos que los ingleses para resolver sus crisis, no parece asegurarles la felicidad. El afán secesionista de los ingleses respecto de la zona euro está últimamente en sus cotas más altas y piensan incluso en una consulta popular a medio plazo para decidir si siguen o se desvinculan del proyecto europeo. Puede que la experiencia en la que se están adentrando estos días, con una imagen severamente deteriorada, les aporte algunas reflexiones de interés.