Iberia y el privilegio del turismo

Cuando la campaña de Semana Santa asoma por la vuelta de la esquina y los turistas están ya cerrando sus reservas y casi preparando las maletas para venirse a España, el sector vive horas de zozobra por culpa de algunos percances empresariales domésticos. La interminable crisis de Iberia y el inexplicable derrumbamiento del operador Orizonia atañen directamente a la actividad del sector turístico y a la estabilidad de la primera industria nacional.

Es una pena porque en los últimos tiempos lo del turismo es casi lo único que funciona bien y que deja como ingresos la nada desdeñable cifra de 55.000 millones de euros, de los que vive mucha gente. El turismo es un sector estratégico, un carácter que aumenta su importancia en épocas de penuria económica, cuando prácticamente lo único que funciona es el sector terciario y en particular algunas actividades como la turística, en la que claramente existe una dependencia del exterior pues la clientela es básicamente extranjera, tanto de Europa como de Estados Unidos y últimamente de los boyantes y prósperos mercados emergentes, como India, China, Brasil y otras potencias de primer orden en la escena internacional.

La economía española languidece en medio de una recesión que no sabemos cuándo va a terminar, pero en el resto del mundo hay diversos grados de prosperidad, el PIB crece en casi todas partes, en algunos países como China por encima del 8%, inasequible para las potencias económicas maduras, como es el caso de España. El equilibrio compensador de la economía global podría servir en estos momentos para complementar el desfallecimiento de la economía española, regada con el maná de los dispendios de los consumidores de países que viven sus propias etapas de prosperidad.

Transporte aéreo, agencias de viajes, hoteles, instalaciones turísticas diversas, se van a ver afectados, con el consiguiente impacto negativo en los extranjeros que nos quieren visitar, a causa de esta huelga unida a un proceso legal de cese de actividad en el caso del grupo Orizonia. Es una desgracia que prácticamente la única oportunidad que tiene la economía española de encontrar valor se malogre por la doble contrariedad de una huelga y de una quiebra de uno de los primeros operadores turísticos del país.

La huelga es un acto de protesta que suele concentrarse en aquellos momentos y circunstancias en los que más daño puede causar al patrón, en este caso Iberia, aunque por desgracia los daños colaterales cubren un amplio espectro de actividades que multiplican su impacto negativo en la economía. Iberia es un asunto que se ha convertido en un dolor de cabeza interminable.

No está claro que de la última peripecia, la integración con la British Airways y el ajuste de personal y capacidades que está tratando de aplicar la nueva dirección, la que fue compañía española de bandera pueda salir viva. En el mejor de los casos saldrá seriamente disminuida. Por fortuna para los viajeros del transporte aéreo, hace ya años que existen numerosas alternativas, lo que ha ido reduciendo el peso de Iberia en la actividad del transporte aéreo tanto español como en los tráficos que son de mayor utilización por parte de los que entran y salen de España, sobre todo para cruzar el Atlántico. Esta huelga puede suponer la muerte y extinción de esta compañía, una empresa que no ha sabido adaptarse al mundo cambiante del transporte aéreo actual y que no ha sido capaz de conservar un hueco indiscutible en la canalización de los flujos del turismo, siendo empresa pública en un país que disfruta de corrientes masivas de tráfico debido a nuestra privilegiada posición geográfica y al atractivo del sector turístico. Muchos han sido los culpables de este drama empresarial que todavía sigue dando coletazos.