Los jueces frenan la tasa del 75%

La imposición de un gravamen especial, que bien podría ser calificado como tasa de castigo, a los millonarios franceses, propuesta electoral del presidente Hollande cogida por los pelos en los momentos finales de la pasada campaña electoral para darle el golpe de gracia electoral a Sarkozy, ha sido desestimada en primera instancia por el alto tribunal francés que vela por los derechos constitucionales de los ciudadanos del vecino país. Podría decirse que es una decisión sensata de la de los jueces en la medida en que poner una tasa del 75% a los franceses que ganen más de un millón de euros constituye una desmesura, por decirlo de forma suave. Los magistrados que han echado atrás la propuesta, contenida en los Presupuestos para el año 2013, no han entrado en el fondo del asunto, de forma que han orillado, quizás sabiamente, la tentación de considerar confiscatoria una tasa fiscal de este calibre, que no tiene precedentes en Europa.

El alto tribunal se ha limitado, en efecto a rechazar la tasa argumentando que era técnicamente una chapuza en su formulación, ya que permitía a familias de altos ingresos fraccionar la renta de forma que cada componente de la misma se quedara por debajo del millón de euros y así nadie tendría que quedar sometido a este tributo especial. Los magistrados han argumentado que al individualizar el gravamen, dejando a salvo la unidad familiar, se establecía una discriminación entre contribuyentes, dejando paso a incongruencias. Una matrimonio que ganase en conjunto 1,9 millones de euros podría quedar libre de la tasa del 75% si la parcelaba en dos mitades cada una de ellas inferiores al millón. La tasa, en cambio, recaería con toda su integridad en quien presentase su declaración individualizada con importe superior a un millón de euros. Es de suponer, y así lo han anunciado portavoces gubernamentales, que Hollande vuelva a la carga para salirse con sus propósitos.

Los magistrados, en suma, no han entrado en el fondo del asunto, que sí merecería alguna reflexión y hasta podría convertirse en un interesante precedente tributario para el conjunto de la zona euro, en unos momentos como los actuales en los que las tentaciones populistas y demagógicas de algunos líderes políticos pueden conducir a buscar soluciones simplistas con la mera presunción de que un gravamen estratosférico a los “ricos” puede contribuir a reforzar los ingresos fiscales con los que ejercer la equidad en momentos de penuria aguda de amplias capas de la población. El incremento de la recaudación se espera, en el mejor de los casos, insuficiente, tanto que los propios impulsores de la medida se han guardado muy mucho de alardear públicamente de los efectos económicos presuntamente positivos de este aumento de la fiscalidad sobre un segmento concreto de la población.

La adopción de medidas fiscales en la zona euro debería ser cuanto antes un asunto de competencia y ámbito comunitario para evitar que algunos Gobiernos busquen ventajas fiscales en detrimento de sus vecinos aunque en este caso los efectos de la medida más bien podrían resultar nefastos para Francia, en la medida en que trata de instaurar una fiscalidad altamente gravosa para personas de alta renta, algunos con talento incorporado, otros no tanto, pero que casi siempre están en condiciones de aportar a la sociedad en la que viven bastante más de lo que reciben de ella y casi siempre aportando beneficios en terrenos que no se quedan reflejados en la contabilidad fiscal de la nación.

Es posiblemente en el plano de las consecuencias menos cuantificables en el que se podrán esperar algunas repercusiones previsiblemente distorsionadoras de este tributo. Lo han detectado con cierta inmediatez algunos analistas económicos londinenses, siempre tan atentos a las debilidades de los proyectos europeos de los que puedan sacar tajada, que han anunciado a bombo y platillo el traslado a la ciudad del Támesis (la mayor urbe por concentración de poder financiero en rivalidad con Nueva York) de las avanzadillas de algunos importantes brokers y gestores de fondos y de gestión de patrimonios franceses o instalados en la capital parisina.

Ya llueve sobre mojado tras la huida fiscal a Londres de alguna famosa actriz francesa no hace mucho tiempo, complementada hace días con la marcha del actor Depardieu a la vecina Bélgica, al frente a una pelotón cada vez más poblado de notables de la Francia millonaria, tanto empresarios como artistas y profesionales, sin olvidar un amago de los mismísimos futbolistas (casi todos ellos multimillonarios afectados por la tasa del 75%) que visten la camiseta de la selección francesa.