Impuestos altos o confiscatorios

La palabra “confiscatorio” ha empezado a ser utilizada con bastante frecuencia en Francia en los últimos meses con motivo de los elevados impuestos que ha establecido o que trata de implantar el nuevo presidente de la República, el señor Hollande. Ya había anunciado en la campaña electoral que pondría un tipo del 75% a las rentas superiores al millón de euros. Ahora está llevando a la práctica sus anunciadas subidas de la progresividad fiscal sobre la renta. Las reacciones son bien conocidas a raíz de las declaraciones de algunos prominentes personajes. El actor Depardieu ha sido el último.

Cuando se habla de “impuesto confiscatorio” no se está diciendo en realidad nada preciso. No existe tal confiscación, ya que en realidad este acto equivaldría a la apropiación por el Estado del 100% del patrimonio o la renta de un ciudadano. Y tal situación no tiene precedentes , de modo que el calificativo de “•confiscatorio” se ha ido generalizando con el paso de los años como algo sinónimo de “excesivo” o de impuesto “muy elevado”. Es entonces cuando algunos empiezan a preguntarse en dónde está el límite para que un impuesto elevado pase a ser “confiscatorio”.

La pretensión de François Hollande de poner una tasa, durante dos años, del 75% a los franceses que perciben rentas superiores al millón de euros es, en cualquier caso, un disparate, según idea bastante extendida. Sobre todo resulta de difícil, por no decir imposible, aplicación. Casi siempre, cuando se abren debates fiscales sobre los tipos de gravamen del IRPF, se deja de lado el debate sobre las bases impositivas, que es de donde parte realmente la aplicación de un tipo que pueda ser considerado confiscatorio.

En sistemas fiscales de tipos impositivos generalmente elevados, los potenciales contribuyentes sujetos a estos tributos se han organizado de forma que su base impositiva sea muy inferior a la real, de forma que cuando toca aplicar el 75%, este se gira sobre un importe declarado que es muy inferior al real. A la postre, hay gente que está pagando un tipo, por ejemplo, del 74% sobre una determinada base imponible, pero suele suceder que la base imponible real sea muy superior, por lo que el tipo de gravamen del 75% se acaba convirtiendo en un 40% o incluso menos. Es, por ello, que una de las principales críticas que se le suelen formular a los tipos de gravamen elevados, por supuesto incluidos aquellos tipos que se pueden considerar “confiscatorios”, es la de que fomentan la elusión fiscal, la economía sumergida, el fraude en suma, que incluye algunas modalidades como la del cambio de residencia fiscal para buscar situaciones más benévolas.

Estas argucias derivan en importantes mermas en la capacidad recaudatoria de los países que suelen utilizar tipos más altos. Se dice que en Francia hay más de 10.000 emigrantes fiscales que se han ido sumando a la lista de exiliados tributarios desde que el Gobierno de Mitterrand empezó a apretar con el Impuesto sobre el Patrimonio, luego dulcificado por los propios socialistas y más tarde por Sarkozy. El efecto de esta emigración no se ha evaluado pero se estima que ha reducido la capacidad recaudatoria del Estado francés en unos 3.000 millones de euros anuales (cifra similar a la que ahora se pretende recaudar con el 75% sobre las rentas superiores al millón de euros) además de desviar recursos de ahorro por una cuantía no inferior a los 100.000 millones de euros. Si las cifras son correctas no se entiende muy bien por qué los socialistas insisten en un camino erróneo, que desvirtúa los circuitos fiscales y de movimientos de capitales, lo que siempre acaba por pasarle factura a la economía.