Más financiación privada es posible

A medida que nos adentramos en el tramo final del año 2012, las grandes cifras de la economía, en su vertiente financiera sobre todo, están mostrando una esperanzadora desaceleración. La prima de riesgo se ha ido replegando hasta niveles de los 385 puntos básicos, el tipo a largo plazo está en torno al 5,25% (es decir, bastante lejos de aquel 7% que se vio hace tres meses), el Tesoro coloca sus emisiones en los mercados de capitales de forma bastante fluida, siempre con exceso de demanda y a precios cada vez más bajos desde hace ya varios meses a pesar de que el peso de la deuda pública sobre el PIB se ha ido desplazando al alza hacia la zona del 90% mientras la balanza por cuenta corriente con el exterior ha mostrado datos cada vez más equilibrados. La bonanza del mercado de deuda pública, en el que España ha desarrollado una intensa actividad durante el año que termina, ha hecho posible incluso que existe un margen de respiro para las primeras semanas del año 2013, periodo en el que se presentan vencimientos elevados en alguno de los meses iniciales del año.

Con tan favorables tarjetas de presentación, una de las cosas que deberían suceder en el curso del año 2013 – además de hacer lo posible por darle nuevos recortes al déficit – es una mejoría de la capacidad de financiación del sector privado, que ha sido de momento el gran ausente, salvo rarísimas excepciones, de los mercados de capitales internacionales. Quizás esa normalización gradual que se espera de la financiación exterior de la economía tenga que empezar necesariamente por el sector financiero, ya que los bancos tienen un déficit de capital y sobre todo de recursos ajenos apreciable, a pesar de que el Banco Central Europeo ha provisto de mecanismos especiales de apoyo a la liquidez.

Lo cierto es que la banca española tiene entreabiertos los mercados de capitales exteriores y sólo de forma puntual algunas grandes entidades logran asomarse al exterior para obtener recursos, pagando por ellos unos tipos más elevados de lo que sería razonable para un emisor de cualquier país que no fuera España. Por desgracia, la marca España ha pesado más de la cuenta en los dos últimos años en la imagen de los prestatarios privados españoles de cara a su financiación exterior, recortando sus oportunidades de captación de dinero. Parece que este clima desfavorable para los emisores españoles se ha estado despejando de forma gradual en las últimas semanas. Lo sucedido con el Tesoro posiblemente pueda servir de pauta para bancos y empresas en los primeros meses del año que empieza.

Por seguir el curso y la secuencia que podría esperarse, lo lógico, si se cumplen los favorables pronósticos de mejora de la capacidad de financiación en el exterior, cabe supone que la fluidez del crédito en el mercado doméstico empiece a ser más visible a lo largo del próximo año. Es la sensación que hay en estos momentos en los departamentos de mercado de capitales de algunos bancos de inversión. Las empresas españolas están demasiado endeudadas porque en los últimos años, sobre todo en la fase de prosperidad, realizaron fuertes apuestas de inversión, en especial en los mercados exteriores, con operaciones de adquisición muy importantes, casi siempre a crédito. Por lo tanto, su estrategia sigue pasando por una reducción de este problema, el del excesivo endeudamiento. Pero a corto plazo, muchas compañías tienen necesidad de refinanciar su deuda y algunas incluso cuentan con proyectos de inversión. El sector empresarial lleva dos años largos viviendo un auténtico estado de excepción en materia financiera, un calvario crediticio. Algunas de las tinieblas que todavía están nublando el entorno quizás queden despejadas poco a poco durante la primera mitad del año.