Los extremos de la OCDE

La OCDE, una de las organizaciones económicas de referencia para las economías occidentales, y que cuenta con un excelente laboratorio de economistas, acaba de despacharse con una nueva vuelta de tuerca al recetario deseable para la economía española. Sus propuestas, que no pasan por pruebas electorales ni por exigencia de responsabilidad en caso de fracaso, vienen a acumular nuevas sensaciones de dificultad para que la economía española salga pronto y con bien del actual bache en el que se ha estancado y del que parece difícil que pueda salir en un plazo corto. Si ya la Comisión Europea y el FMI nos han dicho que hasta el año 2014 no hay esperanza, y aún así esta ofrecerá frutos con escasas vitaminas, los analistas de la OCDE acaban de poner la guinda. Vistos en conjunto los tres diagnósticos, es difícil desentenderse de cierto pesimismo, ya que no parece probable que los tres se equivoquen al mismo tiempo y en parecida intensidad.

En las recetas y en la terapia aplicables, los tres suelen ser bastante convencionales y cansinos, quizás en parte porque en España nos empeñemos en tropezar siempre en la misma piedra o porque el inmovilismo de la cultura económica dominante entre nosotros no es capaz de encontrar salidas cuanto el terreno ofrece perfiles novedosos. El cuerpo central de lo que constituye esa cultura económica dominante entre nosotros tiene demasiados resabios de culturas algo superadas, con excesiva fijación en posiciones proteccionistas, pseudo solidarias o igualitaristas, que desembocan en situaciones como la actual, en la que caminamos con paso firme hacia el 26% de tasa de paro mientras Alemania se preocupa este jueves, sin ir más lejos, en el riesgo de superar el 6,5% de tasa de paro como las cosas no les mejoren.

La OCDE ha hecho esta vez un análisis de nuestra situación algo más novedoso, dejando de lado por un momento las frías variables macro y centrando la mayor parte del análisis en los dos extremos de la población, el de los jubilados o inactivos, por un lado, y el de los jóvenes, en el extremo opuesto. La situación se resume fácilmente: mientras los primeros disfrutan de máxima protección, los segundos sobreviven como pueden a las puertas del sistema. En medio, una amplia clase media que cada vez mengua un poco más, sometida a mayores cargas fiscales y con un nivel de ingresos que la crisis está recortando, no por vía de la inflación, como en el pasado, sino mediante crecientes cargas fiscales adicionales.

El diagnóstico de la OCDE se ha ocupado de elaborar algunas proposiciones concretas centradas en dos áreas: el tratamiento de las pensiones y los esfuerzos destinados a darle mayor oportunidad al empleo juvenil, asunto este de vital importancia en un país en el que la población juvenil casi en su totalidad está en paro, lleva parada cinco años y no cuenta con expectativas de mejora del mercado en los dos o tres próximos años, lo que, echando cuentas, está generando una amplísima generación de personas, con un abanico de edad cada vez más amplio, carentes no sólo de empleo sino de experiencia al no haber podido poner siquiera un pié en el mercado laboral, más que de forma muy esporádica en algunos casos, mediante contratos de muy corta duración. De ahí que los analistas de esta organización mencionen cuestiones clave como la mejora de los sistemas de orientación profesional, la mejora del nivel de exigencia educativa en los cursos iniciales de la enseñanza secundaria para acceder en mejores condiciones de aprovechamiento a los cursos superiores, la rebaja del periodo de pruebas de un año y, ya en el terreno laboral, la superación de los convenios sectoriales de ámbito regional o nacional porque considera la OCDE (y no es la única) que restan competitividad a la negociación salarial, limitando su ajuste a condiciones propias de cada empresa.

En el caso de las pensiones y en general de la población pasiva, encuentran los analistas de la OCDE demasiados incentivos para buscar acomodo fuera del sistema laboral y de la actividad una vez trascurrida parte o toda la vida laboral. Tras recordar que algunas previsiones de la legislación y de las prácticas actuales permiten abusos que todo el mundo conoce en el terreno de la jubilación parcial o de la anticipada, apuntan los analistas a la necesidad de establecer algún mecanismo de corrección automática para vincular los ingresos de los pensionistas a los cambios que se están produciendo en las expectativas de vida y recomienda que estos mecanismos de corrección se implanten cuanto antes, tan pronto como sea posible. En lo de la pensión de jubilación, España se ha preocupado sólo de blindar las rentas de los pensionistas contra el deterioro de la inflación sobre sus rentas, lo que genera a veces notables polémicas, como la que vivimos estos días, sobre la subida o no de las pensiones. Pero se han preocupado poco los arquitectos de nuestro sistema social de establecer algunos blindajes para evitar que el sistema en conjunto puede ir directo a la quiebra o a la insolvencia, por la sencilla dinámica de hacerlo inviable. La esperanza de vida de aquí a unos años tendrá poco que ver con la que había cuando se diseñó el actual sistema de pensiones y mucho menos cuando se establecieron idílicas revalorizaciones automáticas que no tienen en cuenta los ciclos económicos.