Pronósticos económicos y frivolidades políticas

Se van perfilando los pronósticos para el año 2012 y se ajustan cada día más, por desgracia, a la baja, los del año 2014. La OCDE acaba de asegurar que el año próximo no será de caída del 0,8% del PIB como se había pronosticado el pasado mes de mayo, sino del 1,4%, es decir, casi el doble de intensidad en la caída, pronóstico que está bastante en línea con los que han formulado numerosos analistas. Las medidas de corrección aprobadas en los últimos meses, en especial la subida del IVA, no están teniendo los efectos que se esperaban, ya que han producido una ilusión a corto plazo, suavizando la caída inmediata, pero trasladando más allá, hasta el año 2013, los efectos perniciosos sobre la actividad económica. Cabría preguntarse si no hubiera sido más adecuado dejar de lado el gradualismo en la lucha contra la crisis, en un agónico goteo a la baja en las principales cifras, y haber hecho las cosas más de golpe, para que la incorporación fuera más inmediata.

Como los males nunca suelen venir solos, el país se ha embarcado durante estos últimos meses en una sucesión de consultas electorales que no han contribuido a mejorar las cosas. Las consultas a los ciudadanos son la esencia de la democracia, pero se les podría exigir que fueran respetuosas con los calendarios, en vez de convertir al país en una probeta de ensayos de laboratorio, anticipando plazos y compitiendo con el vecino para ver quién lo hace mejor.

Más aún, en las diversas consultas democráticas que se han desarrollado en los últimos meses, y de ello da buena fe la campaña autonómica catalana, se le ha consultado a los ciudadanos de todo menos de lo que sería deseable, es decir, de cómo afrontar la crisis económica en vez de someter a debate cuestiones poco pertinentes, que lo serían si se produjeran en su momento, no de la forma extemporánea con la que han sido sometidas a debate. Las consultas electorales tienden, además, por su propia naturaleza, a paralizar los procesos de decisión, con impactos muy negativos en la economía. En el reciente caso de Cataluña, las elecciones se han producido con un intervalo de dos años, con generales justo en el medio, lo que significa que los ciudadanos catalanes no han hecho otra cosa que votar y vivir en campaña durante tres años, lo que ha traído de la mano una dificultad sobrevenida y un coste adicional en unos momentos poco oportunos para la solución de los problemas. Otro agravante además en el caso catalán: el mapa político surgido de las recientes elecciones no ha clarificado la capacidad de toma de decisiones ni ha reforzado el poder del Ejecutivo en relación con la situación anterior. Cataluña, tras haber perdido un tiempo considerable en la lucha contra la crisis, se encuentra ahora ante una situación bastante más dificultosa para salir de la parálisis económica y para remontar la actividad.

La suma de males importados, de calamidades propias de la misma crisis y los impactos sobrevenidos a causa de nuestra torpeza y frivolidad política, nos han conducido a una situación ciertamente complicada, cuya salida ya no se vislumbra fácil. A medida que pasan los meses y se acumulan los pronósticos, la salida del túnel parece más lejana. Ahora la vislumbran los expertos para no antes del año 2014, cuando además será una recuperación liviana, casi simbólica, insignificante, incapaz de reducir con firmeza la tasa de paro. Apenas unas décimas de retroceso para un país cuya población joven va a sobrepasar de largo los 30 años de edad sin haber logrado acceder a una mínima experiencia laboral.