Los salarios, en el abismo de la crisis

La percepción que se palpa cada día en la calle con mayor crudeza es la del derrumbamiento del consumo privado. España ha perdido la alegría de gastar. Se percibe tanto a diario como en los fines de semana, en las carreteras, en los puntos de pago de peaje, en la afluencia de los grandes almacenes, en los restaurantes y en otras múltiples actividades en las que los españoles ocupábamos nuestras horas de descanso hasta hace pocos meses. Este entristecimiento del país obedece tanto a razones objetivas (cada vez más gente en paro, salarios que no sólo no crecen sino que experimentan recortes importantes) como a la reacción defensiva de los consumidores, asustados ante lo que pueda venir. El intento de insuflar un poco de ánimo a los ciudadanos no le ha salido bien al Gobierno, entre otras cosas porque coincide con la proliferación de muchos acontecimientos negativos en el entorno personal y familiar de muchos ciudadanos, que consideran una triste ironía hablar de “brotes verdes”.

El asunto de más alcance está siendo posiblemente el relacionado con el ajuste salarial. Ya no se habla apenas de moderación salarial. Es un asunto que ha pasado de moda. Ahora, y en especial desde hace unos pocos meses, de lo que habla la gente es de la cuantía del recorte salarial puro y duro. Las empresas están reduciendo empleo desde hace unos años, pero en los últimos meses han simultaneado esta política de reducción de plantillas con otra de recortes de salarios. Algunas encuestas que manejan los directores de recursos humanos hablan de más de un 40% de compañías que estarían afrontando la rebaja de costes mediante el empleo de las dos estrategias, menos plantilla y menos salario. El corte que están experimentando los salarios reales se situaría, según estos análisis, en torno al 20%.

Ya veremos lo que dice la próxima encuesta salarial que con carácter trimestral publica el Instituto Nacional de Estadística. Se conocerá en la primera quincena del mes de diciembre próximo con los datos del tercer trimestre del año. La encuesta salarial del segundo trimestre, conocida a mediados de septiembre, ya ofreció un anticipo, todo un toque de atención, al presentar una caída de los costes salariales del 0,3%, la primera que se producía desde la segunda mitad del año 2010, cuando se contabilizaron dos trimestres seguidos de caída de los costes salariales, en ambos casos también del 0,3% en cada trimestre. En el segundo trimestre de este año, último dato disponible, el retroceso del coste salarial en un 0,3% se debió casi en exclusiva a los menores gastos de cotizaciones y sociales , ya que el coste laboral efectivo, la renta que percibieron los trabajadores, aumentó en un 0,5%.

La cuestión ahora es que en el tercer trimestre puede haberse iniciado una tendencia completamente novedosa, que reflejaría reducciones efectivas de los salarios a la vista de los numerosos casos que se están produciendo y que las estadísticas tendrán que empezar a reflejar en algún momento. Quizás ese momento haya llegado ya o esté a punto de producirse, lo que reflejaría la cruda realidad de los salarios situados en una nueva dimensión, la de descensos reales y posiblemente importantes.

La confirmación de esta probable tendencia va a tener implicaciones serias sobre la economía a corto plazo, no sólo porque afectará al consumo privado sino porque puede cortar de cuajo la capacidad de reducción del endeudamiento de las familias, aunque en el lado contrario permitirá una recapitalización de las empresas y, por lo tanto, un aumento de sus posibilidades de vuelta a la inversión y al crecimiento. Pero la realidad hoy en día es que la disponibilidad de recursos de los asalariados ha disminuido de forma significativa y bastante generalizada. Y esa situación es la que puede lastrar con mayor virulencia la recuperación de la economía española a lo largo del año próximo.