Los brotes verdes se los lleva el viento

Sin llegar al grado de optimismo de la ministra de Empleo, que ya nos sitúa en la rampa de la reactivación económica, los indicadores de estas últimas horas arrojan una cierta luz sobre el oscuro panorama económico, aunque los datos que van saliendo ofrecen señales más bien contradictorias, en las que conviven brotes verdes, que diría la ex vicepresidenta Salgado, con zarpazos tremendos, entre estos últimos el fuerte retroceso que ha vivido la actividad comercial minorista a raíz del encarecimiento de numerosos productos motivado por la subida del IVA desde primeros de septiembre. Los dos resquicios de esperanza han llegado de la mano de la caída del PIB en el tercer trimestre inferior a lo que vaticinaban todos los analistas, y de la reducción del déficit del Estado como consecuencia de una apreciable mejora de los ingresos públicos, hasta niveles por debajo del 4,5% por primera vez en los últimos meses.

Pueden ser flor de un día, en especial esta última, ya que la Seguridad Social acecha con su enorme déficit, que este año puede superar los 10.000 millones de euros, con posibilidad de quedarse, ya que el sistema público gasta cada vez más (aumenta la base de pensionistas y cada vez las pensiones que se incorporan con más altas que las que causan baja) y tiene unos ingresos que se han venido abajo porque el número de cotizantes sigue a la baja, en paralelo con las cifras de desempleo. Por desgracia no hay motivos para suponer que en los dos próximos años vayan a cambiar las cosas en este apartado de las cuentas públicas debido a que el desempleo va a seguir más o menos como ahora, o peor, y el número de beneficiarios, cada día un poco más caros, no disminuye. La Seguridad Social y su desequilibrio es el gran problema al que tienen que hacer frente las finanzas públicas durante los próximos años. Complicada papeleta.

La trascendencia de la subida del IVA en 3 puntos ha sido indudable y es lo que ha facilitado un cambio de rumbo en la evolución reciente de la economía, aunque el lado negativo ya se ha empezado a notar, con la aceleración de la tasa de inflación. También debe valorarse el hecho de que las últimas subidas de impuestos, y en especial la del IVA, están dejando cada vez menos resquicios para nuevos retoques al alza, que podrían llegar a ser necesarios si los objetivos de déficit no se cumplen.

El IVA, de momento, ha desbaratado la variable de la inflación, que en las condiciones en las que se encuentra la economía (baja actividad) podría reflejar una ausencia de tensiones propia de este tipo de situaciones, máxime cuando la principal amenaza este año para el aumento de los precios los combustibles) se ha moderado de forma apreciable en las últimas semanas y parece que va a entrar en vía de moderación a medio plazo. La economía sigue en recesión, un poco menos aguda que hace unos meses, pero en retroceso anual del orden del 1,5% a 1.6% para el horizonte del conjunto del año. Y los precios, que hace unos pocos meses (mayo y junio) estaban en el 1,9% se han disparado hasta el 3,5% en septiembre. Las implicaciones de esta aceleración, cuando estamos ya a punto de entrar en el mes de noviembre, el que marca la actualización reglamentaria de las pensiones, son indudables y desde luego negativas. Una repercusión al alza en los gastos del orden de los 4.000 millones o más de euros va a ser inabordable por la economía española. Encajar de golpe esas dos facturas, la del déficit de la Seguridad Social y la de la repercusión del mayor gasto en pensiones, plantean al Gobierno un serio dilema con implicaciones políticas y sociales de envergadura.

Es, por lo tanto, una buena noticia que el déficit público esté siendo dominado porque cuando se contemplen todas las partidas de gasto público para hacer un balance global de las cuentas públicas, el resultado no va a ser nada tranquilizador. En todo caso, lo que no se atisba por ningún lado es una recuperación de la actividad económica, ya que la inversión sigue parada y en consecuencia el empleo sigue a la baja. Y esa es la base de la economía, de la que se deriva todo lo demás.