Las cuentas de la crisis

Las cuentas de la crisis económica se están conociendo, algunas de ellas algo tardíamente, a través de los informes que van saliendo de unos meses para acá. La Comisión de la Competencia ha dado a conocer este jueves el importe de las ayudas que ha destinado la Unión Europea y cada uno de los países miembros a evitar que se colapsaran sus respectivas economías, dinero que se ha destinado en buena medida al sector financiero.

En España, las estaciones de este via crucis empezaron en Castilla La Mancha, con la caja CCM, y han seguido luego con otras cajas de ahorros, como la de Córdoba, la de Galicia (fusionada con Vigo), la de Catalunya y, sobre todo, la de Caja Madrid y Bancaja, cuya fusión dio paso a la creación de Bankia. También el Banco de Valencia necesitó algunos recursos para subsistir. Y la CAM de Alicante. En todas estas instituciones, el dinero público ha tenido que acudir en auxilio de los escurridizos balances que no entraron en insolvencia total porque la cultura europea en general dice que los bancos no pueden quebrar, ya que son depositarios de la confianza del público así como de la liquidez. Y esta ha de ser preservada por encima de todo como un bien social. Quizás habría que echarle un pensamiento a este dogma de la economía protectora de Occidente, según el cual no todas las quiebras están permitidas. La de los bancos, desde luego, no. De ahí que los Estados traten de meter las narices una y otra vez en este sector de la economía, elevando sin cesar el listón de las exigencias de capital, ya que a la hora de la verdad el que ha de poner el dinero es el Estado, o sea, los contribuyentes, a escote.

A lo largo del año 2009 y sobre todo en los años 2010 y 2011, en Europa han proliferado las inyecciones de dinero público en los bancos y cajas. Las cifras del año 2010, que se acaban de conocer, reflejan un coste total de 1,1 billones de euros. En el año 2011, el importe quizás no difiera mucho, cuando se conozca. Y en el año 2012 nos encontramos todavía echando cuentas del quebranto financiero, aunque en este último ejercicio es España el país que posiblemente va a presentar las cuentas más abultadas de inyección al sector financiero porque la crisis bancaria fue abordada en nuestro caso con notorio retraso debido a su estrecha conexión con los quebrantos inmobiliarios de las familias y de los promotores. Estos han emergido con cierto retraso respecto a los bancos que presentaron prematuramente sus insolvencias, cuyo orígen no siempre era el inmobiliario.

Aunque cuantiosas, las cifras que ha destinado España durante el año 2010 han representado el 8,2% del PIB, algo menos que el importe contabilizado en el conjunto de la Unión, en donde representaron el 9,1% del PIB en ese mismo año. Dicho en cifras absolutas, España ha debido destinar 87.497 millones de euros a arreglar diversos desperfectos, básicamente bancarios y del sector financiero. Teniendo en cuenta que el déficit del Estado español ha sido algo superior al 9% del PIB en los dos últimos años, se podría deducir que las cuentas públicas del país habrían presentado un aspecto inmejorable de no haber tenido que afrontar los gastos en los que ha incurrido España para taponar la crisis financiera.

El coste directo de la crisis ha sido, en todo caso y tomando sólo las cifras de las que hay constancia, claramente inferior en España al que han afrontado otros países de la Eurozona o de Europa. La palma se la lleva Irlanda, que en el año 2010 hubo de desembolsar la friolera de 362.000 millones de euros, es decir, 2,35 veces su PIB. Alemania tampoco se ha quedado corta, con 168.500 millones de euros, aunque en este caso apenas represente un 6% de su PIB. Y Francia desembolsó algo más de 93.300 millones de euros, menos del 5% del PIB. Gran Bretaña, fuera de la zona euro, se fue hasta los 200.600 millones de euros, cerca del 12% de su PIB. España, con 87.500 millones, gastó algo menos en valores absolutos pero su peso en el conjunto de la economía fue superior, algo más del 8%. El balance final está lejos de haber concluido ya que las cifras españolas, con el rescate que se negocia en estos momentos, tenderán a engrosarse de forma significativa.