El termómetro de los bonos

Esta semana comienza en un primer día de mes y comienza también el cuarto y último trimestre del año. Las temperaturas han descendido y el otoño parece que está llegando con alguna anticipación. Pero los españoles, o una gran parte de ellos, estará este lunes mirando con cierta prevención lo que pueda suceder en el mercado de bonos y en la Bolsa. No es para menos, ya que en los dos últimos días hábiles de la semana pasada hemos recibido una catarata de información que nos ha llevado unas cuantas horas digerir y procesar para extraer las inevitables consecuencias.

Los bonos terminaron la semana pasada a duras penas ligeramente por debajo del 6% aunque a lo largo de los últimos días han estado frecuentemente por encima. El diferencial de tipos con Alemania o prima de riesgo despidió la semana en los 449 puntos básicos. Y el Ibex 345 perdió den la semana un 6,3%, su peor resultado semanal desde mediados del pasado mes de julio, por lo que el índice selectivo de la Bolsa española acumula un 10,01% de pérdida desde principio de año, el peor resultado con notable diferencia entre las grandes Bolsas mundiales, China aparte. Lo que pasará este lunes es bastante difícil de prever, aunque hay algunos motivos para temer lo peor a pesar de que las agencias de calificación de riesgos han aplazado de momento la publicación de sus nuevas valoraciones de la deuda española.

Una de las razones para la incertidumbre es la del proyecto de Presupuesto del año 2013 presentado el jueves y entregado el sábado al Congreso de los Diputados. Lo más suave que le han dicho al Gobierno es que se trata de un Presupuesto voluntarista, en el que las cifras encajan, porque el papel lo aguanta todo, pero a fuerza de retorcer los argumentos y las previsiones más optimistas. Una de ellas, qué duda cabe, es la del PIB, que el Gobierno ha reiterado que bajará apenas un 0,5% cuando las previsiones de la mayoría de los analistas se mueven ya en cotas comprendidas entre el 0,7% y el 1,5% de retroceso. Si la economía va sensiblemente más floja de lo que estiman los autores del Presupuesto, las hipótesis de recaudación fiscal serán inviables. Y las previsiones presupuestarias serán papel mojado.

Ya de por sí tienen poca verosimilitud, pero confrontadas con una realidad menos favorable corren el riesgo de desmoronarse. Si el compromiso de déficit es del 4,5% del PIB, un aumento de las cifras finales puede llevar a un redoblamiento de las dificultades de financiación de la economía. Hay que recordar que el Presupuesto ya apunta hacia los 38.600 millones de euros de coste financiero para pagar los intereses de una deuda pública que a finales de año podría llegar a situarse en el 90,5% del PIB, nuestra mayor deuda en la historia reciente. Con un déficit superior, el país tendría que incurrir en mayores costes financieros, lo que atenazaría aún más nuestras posibilidades de salir adelante.

La posibilidad de que España tenga que pedir un rescate urgente, tras observar el Presupuesto de 2013, se ha acrecentado, aunque una respuesta negativa de los mercados y un aumento de los tipos de interés a largo nos situaría en una posición bastante difícil. España no puede salir adelante con tipos a largo por encima del 6%. Es urgente activar los mecanismos de apoyo del BCE para que estos tipos se ajusten a la baja de forma significativa.