Dos días de septiembre

En dos días, España se va a jugar buena parte del año. Este jueves hay anuncio de Presupuestos Generales del Estado y sus organismos. Mañana viernes llega la sentencia Wyman, el veredicto de los expertos independientes extranjeros que dirán cuáles son las necesidades, entidad por entidad, de capital de los bancos españoles, aunque ya está casi todo dicho y los márgenes para la sorpresa son más bien escasos. De todos modos, el caballo de batalla del rescate bancario se ha trasladado en los últimos días a otro escenario, el que han elegido tras países del norte de Europa (Alemania, Holanda y Finlandia), con su novedosa posición de dureza sobre la operación de salvamento de la banca española y el reparto de sus costes.

La nueva versión que ahora se defiende endosa a las finanzas públicas españolas la responsabilidad plena del quebranto bancario que salga a la luz en los próximos días tras la publicación de los informes de Wyman. Justa o no, razonable o no, esta no era en todo caso la solución adoptada, de ahí que los mercados hayan respondido con preocupación debido a que el nivel de deuda pública española retrocede en calidad. Dicho de otra forma, puede acercarnos a la inminente rebaja de la calificación por parte de la agencia Moody’s, que nos colocaría en la zona de “bonos basura” por primera vez en la historia reciente. La zozobra que este hecho ha causado en los mercados es explicable, porque un escalón menos, y tan decisivo, de calificación en la deuda española se convertirá en un escollo adicional para que el país pueda salir adelante con la presteza deseada.

El trío del norte ha obligado a rebobinar casi todo de lo que se había acordado en la materia, para enfado no sólo de los españoles sino, en primera instancia, de Bruselas, ya que deja en el aire todos los mecanismos de apoyo a la banca española. Tenidos por serios, los países del norte de Europa han ejecutado una confusa jugada que no tiene fácil explicación, sobre todo porque en ella ha participado de forma activa Alemania, que parecía hasta el momento bastante vinculada a las decisiones ya adoptadas.

El horizonte, por lo tanto, se ha complicado bastante y ahora queda por ver con qué cifras se presenta el Gobierno para el año 2013 en lo que atañe a los Presupuestos. Es de suponer que el escenario presupuestario en lo tocante a metas de déficit público se mantendrá, porque son escenarios discutidos y comprometidos con Bruselas. Pero el Gobierno tiene que hacer anuncios creíbles de ajuste de gastos y de previsiones realistas de ingresos para que los objetivos de déficit sean recibidos con la credibilidad que necesitan.

El Gobierno tiene que bascular sobre dos exigencias de difícil compaginación, ya que por un lado no puede anunciar más recortes sin soliviantar aún más a la calle (visto el panorama de estos días en Madrid) y, por el otro, tiene que convencer a la comunidad financiera internacional de que la economía va a responder de forma airosa a un menor déficit y a un grado algo más airoso de actividad económica. Los prolegómenos de estos días en lo que se refiere a previsiones del PIB son altamente desmoralizadores ya que la caída de la actividad económica está resultando este año mayor de lo que se esperaba y el año 2013 no se presenta mucho mejor. La dificultad añadida del conflicto catalán también es factor que está afectando al aprecio que nos tiene la comunidad financiera internacional, últimamente bastante desconcertada y hasta desmotivada con España.