Salir del bucle austeridad-crecimiento

Los indicadores económicos andan estos días un poco revueltos, apuntando hacia abajo, sin trazas de expectativas positivas para la economía europea sino todo lo contrario. La locomotora de la Eurozona, Alemania, acaba de ofrecer unos indicadores de opinión bastante deprimentes. Europa parece instalada en un bucle. La exigencia alemana de mayor austeridad y ajustes a toda costa ha sumido en la recesión a una amplia franja del espacio europeo, desde Portugal hasta Grecia pasando por España e Italia. La Europa del Sur está tratando de llevar a la práctica las medidas que imponen las poderosas economías del Norte, sobre godo Alemania.

Pero la recesión económica de los países del sur está impactando con intensidad creciente en los países del centro y norte de Europa, ya que los mercados naturales de la exportación de los países ricos de la Eurozona están en el sur. España ya no consume, ni de lejos, los cargamentos de coches salidos de las fábricas alemanas, justo en unos momentos en los que la industria alemana parece aquejada por una debilidad también creciente de los mercados asiáticos. Este estado de cosas se ha ido intensificando en los últimos meses, de manera que Alemania está viendo cómo se recorta su expectativa de crecimiento y ya no dice tan en voz alta eso de que su salud económica estaba en auge porque supo y tuvo la voluntad de aplicar a tiempo los remedios que recomienda ahora a los demás.

Está claro que hay una asimetría considerable en el ciclo económico del norte y centro de Europa respecto al del sur de la zona euro. Y ello provoca distorsiones como las que estamos viviendo. Ahora mismo, la Eurozona se encuentra en un aparente atolladero del que parece tener serias dificultades para salir. El BCE, al que muchos ven como el portador de las llaves de la puerta que nos puede abrir el acceso a la prosperidad, sigue de observador, sin actuar mediante sus poderosas (potencialmente poderosas, se entiende) armas no convencionales para insuflar liquidez al sistema y actuar en el mercado secundario de bonos de forma masiva, lo que permitiría a países como España e Italia retornar a una cierta normalidad financiera desde la que podrían poner un pie fuera de la recesión, estimulando la demanda interna y participando de forma más activa en la recuperación económica europea.

Pero, si nadie lo remedia, los países europeos del sur, esencialmente Italia y España, van a consumir el año 2013, un año más, en llevar a cabo ajustes drásticos que mermarán su capacidad de crecimiento, lo que se traducirá en más desempleo y en mayores dificultades para que los países de centro y norte de Europa eviten caer de nuevo en la recesión, ya que las importaciones de los países del sur serán de nuevo insuficientes para justificar la plena actividad fabril en Francia o en Alemania. Si la mitad sur de la Eurozona sigue en el año 2013 en recesión, difícil será que la Eurozona en su conjunto logre salir del atasco. Ese pesimismo es lo que están anticipando los indicadores de opinión que están saliendo a la luz tras el verano, sobre todo los alemanes.

Habrá que buscarle la salida a este galimatías, a este circuito de adversidades, un auténtico bucle sin aparente solución. La ruptura del despropósito en el que nos encontramos quizás pase por aflorar un poco las tuercas del rigor presupuestario, alargando uno o dos años los objetivos propuestos, y meterle un poco de dinamismo y liquidez al aparato productivo para tratar de doblegar las malas expectativas.