El calendario económico aprieta

El sector bancario español afrontará esta semana el esperado examen, auditado por especialistas independientes internacionales, para dilucidar cuál es, al detalle individual, la verdadera situación de sus cuentas, con una evaluación de sus necesidades para el supuesto incluso de que la situación económica empeore de forma drástica. En relación con el peor de los escenarios, hay que reconocer que lo que hace unos meses se entendía realmente como un mal escenario económico, se está convirtiendo con el paso de los meses en un escenario que podríamos llamar “central”, sobre todo por la duración de la etapa recesiva, que se va a prolongar de formas altamente probable hasta bien entrado el año 2013.

Junto a la publicación del diagnóstico bancario, con detalle individualizado del estado de situación banco por banco, esta semana que empieza será también determinante de nuestro futuro económico inmediato en la medida en que se va a dar a conocer el esqueleto de las previsiones presupuestarias para el año 2013, entre las cuales habrá de producirse algún tipo de aclaración sobre el espinoso asunto de las pensiones. Como el la pasada primavera, el anuncio de los planes del Gobierno choca de bruces con el calendario electoral, es decir, las elecciones autonómicas se van a desarrollar con toda seguridad después de que el Gobierno haya hecho público el cuadro de mando de la economía para el año que viene.

En la pasada primavera, el Gobierno logró escamotear el anuncio de sus decisiones hasta después de las elecciones autonómicas, pero ahora esto no será posible, ya que el Presupuesto debe remitirse al Congreso dentro del mes de septiembre y las elecciones vascas y gallegas se celebran un mes después. Es discutible que las elecciones previstas para finales de octubre se vayan a ver alteradas de forma drástica por los planes económicos del Gobierno por la sencilla razón de que los electores ya sabrán bien, o se lo imaginan con bastante aproximación, el menú que va a ofrecer el Gobierno de cara al año próximo.

En todo caso, el calendario que más debería presionar al Gobierno en estos momentos es el del saneamiento de la economía y las posibilidades de contar con apoyo exterior para mejorarlo. La cuestión clave es cómo y cuándo logrará el Gobierno de Rajoy que Mario Draghi, el patrón del BCE, apriete el botón de las inyecciones masivas de liquidez cuyo objetivo es normalizar los tipos de interés, recortar los diferenciales, abaratar el coste de la deuda pública, abrir las espuertas de la financiación a las empresas y, en suma, colocar a la economía española cuanto antes fuera de la zona de emergencia.

El confuso debate al que estamos asistiendo desde hace ya unas semanas, con ese cansino manoseo de la palabra “rescate”, no puede prolongarse mucho más. No parece lógico que el rescate, de producirse, se sustancie después del 21 de octubre, cuando ya los electores de las dos comunidades autónomas van a acudir a las urnas sabiendo que esa no es una cuestión decisiva en estos momentos, que el “rescate”•, se llame como se llame, es inevitable y que Rajoy tiene que completar su catálogo de reformas con alguna medida más, si ello es imprescindible para recuperar cuanto antes la confianza de los mercados. Sin esta confianza, salir de la crisis será tarea casi imposible, al menos en un plazo razonable, dentro de esta legislatura, que termina dentro de poco más de tres años. Es por ello que la semana última de septiembre puede ser el último plazo previo a la declaración completa de las intenciones del Ejecutivo para el año próximo. En pocos días saldremos de dudas.