Rescate, sumisión y realismo

Todavía no sabemos quién dará primero, si Rajoy presentando una solicitud formal de rescate a la UE o el BCE asumiendo su papel de médico de urgencia comprando deuda española para suavizar los tipos de interés.  Rajoy ha dicho que hasta no conocer las intenciones del BCE no estará en condiciones de mover ficha.  Draghi, con el aliento de los alemanes en el cogote, pensará que no va a comprar un euro de deuda española mientras Rajoy no le garantice que España va a seguir e  incluso intensificar sus reformas.

Parece el juego, quizás interminable, del ratón y el gato. Pero en el mundo del dinero estas cosas no pueden ser interminables y alguien acaba cediendo, aunque es de esperar que, sea cual sea el desenlace,  no nos hayamos ido demasiado lejos en el tiempo. De momento, Financial Times ha terciado en la disputa, reduciendo el debate a una cuestión política y casi de idiosincrasia nacional: los españoles somos demasiado orgullosos para pedir ayuda. De ser cierto el reproche inglés ( ¡quién fue a hablar!),  la decisión sería más bien sencilla, aunque sea dolorosa, en especial para quien la adopta.

El mismo  día en el que FT salía a la palestra con un editorial tan carente de argumentos técnicos como sobrado de descalificaciones, la  “número dos” del PSOE decía en Santander que España (léase, Rajoy) debe luchar hasta el final para evitar el rescate, incluso plantando cara a la UE  mediante personación directa en Bruselas. Puede que se trate solamente de una argucia partidista, destinada a dejar en evidencia al partido del Gobierno, pero no es fácil encontrar coincidencias en estos asuntos entre los dos grandes partidos.

Diríase que el comentario editorial del FT habría sido escrito  (o cuando menos inspirado) por el mismísimo Mario Draghi, máximo responsable del BCE. O por cualquiera de los diversos estamentos y personalidades que en la Eurozona propugnan en la actualidad la necesaria  sumisión española  como único remedio para nuestros males. Es como si el rescate de los 100.000 millones de  euros destinado a solventar la crisis inmobiliaria del sector bancario (cajas de ahorros fundamentalmente) no hubiera sido suficiente.

Hay una base en la que nuestros críticos tienen razón. A estas alturas, España todavía se resiste a realizar un diagnóstico realista de la situación económica y del precario estado de la economía. Basta sólo comparar lo que pensaban los dirigentes del PP el día en que ganaron las elecciones (no hace todavía un año, en noviembre) y lo que están pensando de la primavera para acá, cuando la prima de riesgo, en los 300 puntos, en vez de caer como muestra de confianza en los  nuevos dirigentes, se disparó hasta los 600 puntos ante la incredulidad del propio Rajoy y compañía.  Fue todo un ejercicio de diagnóstico  sobre lo desastroso que ha sido el trabajo realizado por el Gobierno tras su llegada al poder. Se puede decir que tras las elecciones, el país ha perdido unos seis meses en tomar conciencia de la situación. Y los mercados se han dado cuenta de ello.

El Gobierno tiene que hacer todavía un severo análisis de conciencia  para identificar de forma más completa nuestros males, que residen en la pérdida de competitividad, en la desproporción de los gastos públicos (en el Estado y, sobre todo, en las Autonomías) y en la deficiente organización de algunas instituciones económicas, algunas de ellas con funciones dobladas o triplicadas.

Cuando desde la UE se nos  sugiere la necesidad o la conveniencia de pedir el rescate, cabe suponer que nos están sugiriendo algo más que un ejercicio protocolario de sumisión. Existe la creencia de que algunas de las importantes reformas realizadas en los dos últimos años, algunas de ellas a regañadientes, no están dando los frutos deseados con la rapidez requerida porque están hechas sólo a medias.  El escandaloso asunto del paro juvenil es quizás el botón de muestra más llamativo. También las demandas salariales. Una encuesta (obra de Manpower) de estas últimas horas nos dice que un 30% de los parados no está dispuesto a trabajar por menos de  1.000 euros al mes, un salario que para sí quisieran  unos cuantos millones de europeos en activo y ocupados. Recuerdan los autores del informe que en el caso español, un 57% de los parados recibe  algún tipo de subsidio de paro. Bruselas y algunos Gobiernos europeos desearían tener una participación más activa en la política económica española y la forma de lograrlo es introducir sus propuestas  a través de los mecanismos de condicionalidad que acompañarán a las ayudas propias del rescate. Por ello insisten  tanto en sugerirnos que les pidamos ayuda.