Tipos por debajo del 1%

Hacía algún  tiempo que el Tesoro no lograba colocar deuda a corto plazo con rentabilidades inferiores al 1%. Más concretamente desde finales de mayo pasado. Este martes ha logrado bajar de ese nivel en las Letras a 3 meses de plazo. No  es una gran proeza porque a plazos tan cortos los inversores están dispuestos a asumir más riesgos y son muchos los que consideran que para cuando el Tesoro español tenga que devolver este dinero (antes de diciembre próximo) se habrán solventado ya las carencias del mercado de deuda soberana en Europa y por lo tanto en España.

Lo que sí deja clara esta caída drástica de la rentabilidad, que se  produce en paralelo a una subasta italiana de bonos a 3 años, también con tipos a la baja,  es que el ambiente predominante en la Eurozona ahora mismo es optimista  de cara a una normalización de los mercados y un impulso a las políticas comunes. Sobre todo a la creación de la unión bancaria y al refuerzo de los mecanismos de integración fiscal. El sobrecoste al que España ha estado colocando deuda en los mercados durante los últimos meses está dificultando el logro de los objetivos de equilibrio presupuestario pactados con Bruselas. Esta falta de cohesión entre los países miembros y sobre todo la irresponsable actuación de los últimos Gobiernos en España eludiendo toda batalla frontal contra el crecimiento del gasto público, como si aquí no pasara nada, des la que ha puesto a la economía española en una posición de falta de confianza por parte de los agentes económicos internacionales.

La prueba de fuego está  ahora  en la reunión del próximo 6 de septiembre, cuando el Consejo de Gobierno del BCE explore las posibilidades de un acuerdo que permita el inicio de compras de deuda pública por parte de la entidad central. No  se han resuelto las divergencias internas en el seno del BCE, ya que Alemania sigue presentando la cara más agresiva, con una defensa a ultranza de las estrategias monetarias de control de la oferta de dinero,   un mecanismo que pone obstáculos a la inflación pero que tal y como están las cosas en la UE no parece ser en estos momentos un peligro inminente. La valoración que hacen los diferentes  consejeros del BCE sobre los riesgos de inflación está en la base de esta posición intransigente del Bundesbank.

Hay en todo caso bastantes posibilidades de que el BCE se acabe decantando por una posición más política, que  orille de manera temporal la ortodoxia de las actuaciones monetarias más estrictas. Sin una normalización de los tipos de interés y una mayor cohesión entre las grandes economías de la zona en este renglón, es difícil que la zona euro pueda seguir haciendo frente a sus exigencias de aproximación entre esas economías.

No es sostenible que Italia y España tengan que  pagar tipos cuatro o cinco puntos por encima de los que el mercado está dispuesto a financiar a sus socios. Esta misma semana, Italia y Francia siguen emitiendo Letras a corto plazo con tipos de interés negativos. A pesar de disponer de una moneda común y de un banco central también único, los  mercados dispensan tratos enormemente diferenciales a los títulos emitidos por unos y otros. Si algunos sectores con fuerte predicamento en el seno del BCE y en algunos Gobiernos, básicamente el alemán, insisten en mantener una ortodoxia a ultranza, lo que corre riesgo es la recuperación de la economía europea, sin la cual ninguno de los objetivos de cohesión van a contar con  posibilidades de éxito a corto plazo.

Alemania tendría que tener una posición más firme en la búsqueda de una estrategia de crecimiento, ya que con dos economías importantes como la italiana y la española varadas, el conjunto de la Eurozona cuenta con pocas posibilidades de salir adelante. Este hecho ha quedado bastante claro en los últimos datos económicos de Alemania, que ni consigue levantar el vuelo ni alejar los riesgos de un retorno a la recesión. Los datos de Contabilidad Nacional que se han conocido este jueves en España muestran que la recesión de nuestra economía, que ya se prolonga durante cuatro trimestres, está siendo más severa de lo que se temía. Estas múltiples señales invitan a valorar los riesgos de una estrategia orientada exclusivamente a la búsqueda de los equilibrios macroeconómicos. Por esa vía difícil salida van a tener no sólo Italia y España sino la propia Eurozona como conjunto.